11 Millones de Abusos

domingo, 2 de septiembre de 2007

Escribe Juan Francisco Rojas

Ahora que los 11 millones de teléfonos móviles en nuestro mercado se exhiben como indicador de crecimiento, bienestar y prosperidad de los peruanos, resulta difícil aceptar que esa cifra sea expresión del número de consumidores satisfechos con el servicio que reciben de las empresas prestadoras.

Un número importante de peruanos es cliente –en simultáneo- de las dos principales compañías prestadoras del servicio. No se trata de una vocación por la contratación compulsiva del servicio móvil, sino más bien de la expresión de ingenio para enfrentar las significativas diferencias de tarifa que las compañías aplican cuando las llamadas se realizan entre los usuarios de una u otra empresa a la competidora.

Con este método, son muchos los clientes que han logrado reducir su facturación mensual, discriminando llamadas por tipo de operador. Sin embargo, esta práctica no es algo de lo que debiéramos estar orgullosos, sino avergonzados. ¿Cómo se explica que las compañías con posición de dominio puedan desarrollar este tipo de estrategias, sin que ninguna autoridad actúe? ¿No estamos acaso ante una conducta anticompetitiva?

La medición del consumo es un tema clave en materia de telefonía móvil y, en general, de todos los servicios públicos. No son pocas las veces que los usuarios sienten que el período de su tiempo contratado literalmente “se esfuma”. La posibilidad de reclamar es inexistente, y los equipos que se venden no realizan la función de control. En muchos casos, la función sí existe en el equipo, pero las compañías no la programan y mucho menos le dan algún crédito.

Las compañías se limitan a poner a disposición del usuario “información” sobre el nivel progresivo de consumo, la misma que se cuidan de señalar es sólo referencial. En un caso, indican los minutos consumidos y, en otro, el monto de dinero remanente.

¿El regulador tiene algún programa de verificación de la adecuada medición del consumo? ¿Realiza alguna fiscalización? En caso lo hiciera, ¿Cuáles son los resultados? ¿Cuáles las sanciones? Cuando el universo de consumidores es muy grande, el error de cómputo – incluso insignificante- es suficiente para procurar una gran ganancia ilícita a las empresas prestadoras.

La publicidad es otra muestra del abuso. Es imposible encontrar disponibles las “ofertas” que se publicitan: teléfonos a un sol; tarifas económicas; modelos con última tecnología a bajos precios; recarga maravillosa. El consumidor que acude por la promoción, termina adquiriendo otro producto, pues el ofrecido no está disponible o las restricciones no comunicadas en la publicidad desnaturalizan la oferta. La autoridad garante de la publicidad auténtica, guarda silencio.

Lo que es más grave: no existe consumidor razonable que pueda comparar cuál servicio es el más conveniente en función al tiempo asignado y al valor de la llamada. La dispersión de la información parece elaborada a propósito para impedirlo. El regulador no hace nada por generar información transparente.

Finalmente, los 11 millones de peruanos han sentido las más intensas muestras de afecto por las compañías prestadoras que colapsaron el día del terremoto. El argumento baladí de éstas: saturación de las líneas.

El sentido común dice que los espacios se van llenando progresivamente, dejando fuera a los que llegan al final. En el Perú, si todos los usuarios deciden usar el teléfono, las compañías no pueden establecer un orden de acceso y el sistema colapsa. Probablemente el sentido común no se aplique en la telefonía móvil.

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One Comment

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Daniel Mauricio dijo...

Este artículo permite dar a conocer algunos temas sobre organización industrial y telecomunicaciones que incluso para muchos economistas parecen no estar muy claros. En primer lugar las tarifas on-net y off-net que establecen los operadores no son un caso de conducta anticompetitiva si no uno de discriminación de precios en un contexto de competencia de redes. Segundo, es difícil creer que un grupo significativo de usuarios este empleando como estrategia el adquirir celulares de las dos principales empresas para evitar el mayor costo de las llamadas off-net. Es imposible que una estrategia de este tipo explique el crecimiento de la red móvil. En cambio la estrategia que genera esta discriminación de precios consiste en que el nuevo usuario elija la empresa a la que se encuentra suscrita la mayor cantidad de personas de su red social. Tercero, actualmente los aparatos más simples en el mercado de celulares permiten medir la duración de las llamadas y los saldos se pueden consultar con solo un mensaje de texto gratuito. Cuarto, en cuanto a la publicidad, las normas del INDECOPI establecen que las condiciones de las ofertas se publiquen en la misma publicidad. Lo cual se puede verificar leyendo las letras pequeñas de la publicidad en las revistas y diarios que indican el número de unidades que se ponen en oferta. Tal vez se podría exigir que el tamaño de estas letras sea mayor, si no me equivoco la norma solo establece que esta sea legible. Quinto, consumidor razonable, respecto a este punto, lo más probable es que el consumidor tenga racionalidad limitada y aunque este tenga toda la información a su disposición, no la pueda procesar adecuadamente. Finalmente, respecto al colapso de la red, quizá tienes razón en tu sarcasmo y el sentido común no se aplique al funcionamiento de la red móvil. Quizá su funcionamiento se parezca más al de una computadora que a un modelo de colas u ocupación de espacio. Por ejemplo, si uno empieza a abrir ventanas del Explorer u otros programas en su computadora pronto verá que el funcionamiento es cada vez más lento hasta que la computadora se cuelga porque el sistema trata de operar todas simultáneamente. Esto puede ser lo que sucedió con la red móvil, sentido común de computadoras.

Saludos,
Daniel Mauricio Galarza Puente.

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