¿Hacia un nueva recesión Mundial?

martes, 26 de julio de 2011

Bruno Seminario


Es tan extraño el espíritu del tiempo que nadie parece capaz de anticipar lo que finalmente ocurrirá. Así, a nadie puede sorprender que los pronósticos económicos formulados a principio del presente año sean revisados, porque el escenario que vaticinaron nunca llego a consolidarse. Como las economías emergentes de mayor tamaño y dimensión, experimentaron en el 2009, sólo por breve tiempo los efectos de la crisis, se extendió la opinión que convertía su expansión en la base fundamental del proceso de recuperación. Sin embargo, esta afirmación al finalizar el primer semestre del 2011 sería prematura: en todas ellas desfallece el vigoroso ímpetu que parecía caracterizar su recuperación. Por diversas causas, se impone una nueva coyuntura donde el crecimiento lento parece ser la norma en los países emergentes mientras que el estancamiento domina la dinámica en Estados Unidos y la Unión Europea.


En Asia, el aumento en el precio de las materias primas empuja hacia arriba la inflación, deteriora la balanza de pagos, y, obliga a los bancos centrales a adoptar políticas monetarias restrictivas. Por ejemplo, en la India el Banco Central de Reserva ha aumentado en diez oportunidades el tipo de interés pero éste permanece aún a un nivel inferior a la tasa de inflación. En este mismo país, el gasto del gobierno está fuera de control y el déficit fiscal llega a diez puntos porcentuales del producto interno bruto. Aunque en China, el Banco Central ha procedido de forma similar, el principal problema es la cartera de dudosa calidad de su sistema bancario. En el año 2006, se estimó el monto de estos malos préstamos en 911,000 millones de dólares, pero la suma puede haber crecido sustancialmente, debido a la burbuja hipotecaria y a los préstamos de estímulo otorgados por el gobierno chino. En el Brasil, el principal problema el crédito de los consumidores absorbe el 28 por ciento de su ingreso disponible, una cifra mayor a la de Estados Unidos, y, el gasto del fisco también estaría fuera de control.


Agotada, en las principales economías emergentes, la posibilidad de aumentar la demanda interna, sólo pueden preservar su ritmo de expansión con una agresiva política comercial. Pero, ¿es viable esta estrategia en el momento actual? Ni Estados Unidos ni la Unión Europea se han recuperado plenamente de la recesión del 2008 y el 2009. En Europa, el estancamiento es la norma en el sur del continente, mientras que Alemania, la economía de mayor tamaño, basa su crecimiento en el dinamismo de las economías de Asia, y, por esta razón , ésta y su socios de la UE, pueden resistir cualquier intento de los países emergentes orientado a alterar esta situación. Si bien en Estados Unidos, la recuperación es bastante más fuerte y con un fundamento más sólido, pues se apoya parcialmente en la innovación de sus industrias de alta tecnología, su gobierno no parece estar dispuesto a asumir nuevamente el papel de comprador universal. Además, también en este país no parecen viables nuevas políticas de estímulo monetario o fiscal. En esta coyuntura en las que parecen predominar tantas azarosa circunstancias, sería difícil encontrar factores que operen en opuesta dirección; existen empero ¿Cuáles son estas poderosas fuerzas capaces de contrarrestar esta inexorable tendencia hacia la contracción? En primer lugar la reconstrucción del Japón y el gasto asociado a la misma, en segundo lugar, las innovaciones que se han registrado en sectores claves de industrias de tecnología de Estados Unidos (teléfonos inteligentes, tabletas de computación, tiendas virtuales de música, libros y películas, etc.) y que en este momento impulsan hacia arriba la inversión empresarial de Estados Unidos.

La Danza de Shiva

miércoles, 6 de julio de 2011

Bruno Seminario

I

¿Entienden, realmente, los especialistas en cuestiones internacionales la desconcertante coyuntura internacional o son los acontecimientos tan extraordinarios que desafían incluso a la más fina interpretación convencional? En todo caso no sería la primera vez que la Historia desafía a los economistas al mostrar, espléndida y salvaje, el consumado resultado de su potente energía.

¿Quién, acaso, puede ignorar, el desventurado papel de la sabiduría convencional cuando ocurrió la gran crisis de 1929 y las desdichada interpretación de los acontecimientos que en ese entonces inspiró la sabiduría convencional? Irving Fisher, por ejemplo, perdió la totalidad de su fortuna y con ella también su gran reputación cuando días antes del desplome de la bolsa de Nueva York, expresaba, con gran seguridad, que el precio de las acciones no estaba inflado por el desenfreno de los especuladores, sino que éstos habían alcanzado un nuevo y permanente equilibrio. Para Pigou, el maestro de Keynes, el desempleo en Inglaterra sólo era la consecuencia inevitable de la perversa acción de los sindicatos británicos que impedían un ajuste hacia abajo de los sueldos y salarios. A pesar que los datos indicaban que el desempleo afectaba a casi un tercio de la fuerza laboral insistía con vehemencia en tal opinión. De la misma manera que en ese entonces, los cruciales eventos que hoy vivimos, vuelven a superar los lindes de incluso los más atrevidos espíritus. Y, como es natural, en estas circunstancias prevalece la confusión pues sólo del caos primordial puede surgir una solución definitiva.

Porque el Olvido no diluye aún sus formas más interiores, el desastre económico del 2008, todavía es la fuerza que rige la dinámica de los espacios globales y es probable que sea esta situación la norma del Mundo para el inmediato futuro. En un breve e intrigante trabajo de divulgación sobre la catástrofe, los profesores españoles Gabriel Tortella y Clara Eugenia Nuñez dicen que la cualidad característica del fenómeno es la sorpresa, pero una bastante peculiar, pues no tiene su origen en la llegada de la crisis sino en el hecho de que haya tantos sorprendidos.

Que esta es una afirmación insólita puede resultar evidente para los historiadores de la economía y los especialistas más perspicaces ,pues los desastres económicos y sociales son tan antiguos como la historia humana. Pero si esto es así, ¿cómo explicar el masivo estupor, el desconcierto abrumador? Cuestión fundamental que todavía no tiene una respuesta satisfactoria, quizás porque pocos han hecho algún esfuerzo para comprender plenamente su sentido. No se trata de dilucidar si hubo alguien que pudo vaticinar el advenimiento de la crisis, sino de responder por qué fue desechada la opinión de quienes lo hicieron. Para Paul Krugman, la respuesta se encuentra en la Edad Obscura y en el retroceso intelectual que experimentó el espíritu occidental cuando olvidó lo que ya conocían griegos y romanos. Según Krugman, un desarrollo similar registró la macroecoeconomía debido al predominio intelectual del Neoliberalismo en general y el de la Nueva Economía Clásica en particular.


Aunque la Nueva Economía clásica se confunde con el Monetarismo de Milton Friedman y la escuela de Chicago, quizás, por su fe inquebrantable en la estabilidad del mercado, posee una base metodológica bastante diferente. La Nueva Economía clásica es una creación de Robert Lucas, Thomas Sargent, Edward Prescott, Robert Barro, Neill Walace y Cristopher Sims,En su mayor parte entrenados en la Universidades de Harvard, Carnegie Mellon y Chicago donde prosperaron, en los 1960s, las escuelas de equilibrio general, el uso de la programación dinámica, la computación y las matemáticas como medio de expresión del conocimiento económico. En contraste, Milton Friedman y sus principales colaboradores, favorecen una metodología básicamente empírica, las respuestas parciales, los modelos de dimensiones reducidas que enfatizan los principales canales de causalidad, y, una forma de expresión que usa palabras o un lenguaje matemático bastante elemental. Así, mientras que cualquier persona educada podía entender lo que decía Milton Friedman y descubrir sin dificultad las bases fundamentales de su forma razonar ; para hacer lo mismo con el Nuevo Obscurantismo, es necesario recibir un entrenamiento técnico especial.


Elegancia, obscuridad y sofisticación, que produce un doble efecto: potente atracción en las generaciones jóvenes y respeto reverencial en los aficionados, políticos, burocracia estatal, periodistas, ideólogos, etc., los cuales a lo largo de la historia han demostrado cierta predisposición para aceptar con levedad todo aquello que no pueden entender especialmente si favorece su inmediato interés.

Se dice con demasiada frecuencia que en el paradigma de la Nueva Economía clásica son imposibles las recesiones pero ésta es una afirmación inexacta que con facilidad podría ser rebatida por cualquier economista que simpatice con las proposiciones centrales del nuevo paradigma.

En realidad, todas las figuras centrales de la Nueva Macroeconomía afirman que pueden explicar las fluctuaciones que exhibe la producción y el empleo en una economía capitalista . Es más, sostienen que su explicación es superior a la de Keynes porque ésta es consistente con el postulado de racionalidad , central para la consistencia de la teoría económica. Para probarlo elaboraron, entre los 1970s y 1990s, dos teorías de los ciclos económicos. Así, en un modelo publicado en los 1970s, dice Robert Lucas que una recesión es provocada por la confusión de los trabajadores y empresas, los cuales por carecer de información adecuada y oportuna confunden las señales que transmite el sistema de precios, es decir, las variaciones que se explican por el juego de la oferta y la demanda, en un mercado particular, con aquellas que tienen su origen en el movimiento de la oferta monetaria. En el segundo modelo, creado en los 1980s por Edward Prescott, esta explicación es desechada y sustituida por una alternativa en que las fluctuaciones de la producción tienen su origen en ritmo irregular del progreso técnico.

Si bien esta forma de razonar puede parecer algo peculiar, más extraordinarias resultan las conclusiones que pueden ser extraídas de estos elegantes modelos. Así, un descenso en la producción no justifica una política económica activista pues ésta sólo aumentaría las penas o disminuiría, en general, el bienestar de cualquier sociedad que la ponga en marcha. Como ésta es la proposición más conocida de la nueva economía clásica, quizás por eso mismo, se tiende a confundir con otra que negaría efectos o potencia alguna a la política económica; los simpatizantes de la Nueva Macroeconomía nunca ha dicho que no pueda ella afectar la trayectoria del producto o el empleo de una economía ,empero. Afirman algo más singular: piensan que el desarrollo que exhibe cualquier economía capitalista es siempre el mejor posible, aunque incluya abruptos descensos en el producto o una masiva desocupación.

Es quizás oportuno, si se desea apreciar con mayor claridad la lógica de los defensores de esta posición recordar , la novela Cándido de Voltaire y a uno de sus personajes centrales, un seguidor incondicional de la filosofía de Leibniz y de su teoría del Optimismo, el Dr. Pangloss.

Cándido es en efecto una sátira que intenta criticar la inacción que se deriva lógicamente del optimismo postulado por Leibniz. En efecto, el filósofo alemán postulaba que el mundo en que vivimos es “ el mejor de los mundos posibles”, es decir, una doctrina basada en un “optimismo sistemático” predispuesta a creer que todo lo que ocurre lo hace con un propósito bien definido , sin importar cuán terrible parezca , ni tampoco el daño y destrucción de cualquier evento o fenómeno específico.

Creía, en efecto, Leibniz, al igual que los estoicos de la época helenística, que el universo era regido por el destino, una ley inexorable que no podía ser alterada por la acción humana. Además, ya que Dios tenía el poder de elegir entre infinitas posibilidades, había creado un mundo optimizado. Es necesario aclarar que la idea de Leibniz es más compleja ya que lo que el filósofo quiere indicar es que Dios eligió la mejor de todas las posibilidades entre un conjunto de mundos posibles donde en todos existe el mal.

En Cándido, el Dr. Pangloss está predispuesto a la inacción absoluta. Cuando, por ejemplo, ocurre el terremoto de Lisboa ,que produce la muerte de 30.000 personas, Pangloss, firme en su optimismo, establece que el desastre ocurrió para el mejor de los propósitos ya que es imposible que esto no sea así. Cuando llega a Inglaterra y es testigo de la ejecución de un almirante por no haber ganado una batalla nava; piensa, Pangloss que después de todo es bueno ,de cuando en cuando, ajusticiar almirantes para animar a otros a cumplir con su trabajo.

Caracteriza también a la Nueva Macroeconomía una visión bastante peculiar que desecha cualquier diferencia entre riesgo e incertidumbre, el cambio abrupto y discontinuo y el papel de los eventos catastróficos en la historia humana.

Según esta forma de concebir el mundo, las expectativas de los agentes económicos pueden siempre calcularse, expresarse en forma bien definida y así reducirse a simples condiciones matemáticas que coinciden con valores esperados de las distintas variables económicas.
Este tratamiento de la probabilidad como algo objetivo e independiente de la historia y estado inicial de una economía , desempeña un rol crucial en la teoría financiera de los mercados eficientes, en el tratamiento de la política económica, y, en la dos teorías del ciclo económico que propone la Escuela. En la monetaria porque sin ella las políticas públicas son siempre relevantes; en la teoría real para poder presentar al progreso tecnológico como un proceso predecible y regular.

Frente a este tratamiento del riesgo y la incertidumbre, podemos oponer las opiniones de Frank H. Knight y John Maynard Keynes, quienes pensaban que sólo el riesgo y no la incertidumbre pueden expresarse en forma cuantitativa pero que era la incertidumbre la base de las decisiones económicas. También, comparar el paradigma de Prescott del progreso técnico, con el tratamiento de Schumpeter, basado en el estudio de las innovaciones y revoluciones tecnológicas que no pueden reducirse a simples aumentos de productividad.

II

¿Se vislumbra ya alguna solución para estas intratables y espeluznantes cuestiones de política? ¿Cuáles son, en todo caso, las distintas visiones en concurso en este debate tan singular? ¿Hay una solución viable o es tan intricado el entrampamiento que sólo puede ser desbaratado por la más gigantesca y ruinosa conmoción? Nadie por ahora puede saberlo con certidumbre absoluta; pero gracias al gentil esfuerzo de los economistas que aceptaron las proposiciones de la Nueva Economía Clásica y de otros especialistas interesados en el tema podemos por lo menos orientarnos e identificar las distintas propuestas.

En el Cisne Negro, El Impacto de lo Altamente Improbable, Nassim Nicholas Taleb, un filósofo y ensayista libanés, se desarrolla una visión del riesgo similar a la propuesta por Knight y Keynes. Según Taleb, el Cisne Negro es un suceso con tres atributos esenciales: rareza, impacto tremendo y predictibilidad retrospectiva. Es raro pues nada en el pasado puede señalar de modo totalmente convincente su posibilidad. Tremendo y decisivo su impacto, porque es capaz porque es capaz de alterar el curso de la historia. Predecible retrospectivamente por el rechazo de la naturaleza humana a cualquier existencia sin sentido. Como consecuencia no puede dejar de inventar “explicaciones” para racionalizar su existencia y así olvidar al suceso en el futuro.

¿Explican, acaso, estas fábulas el masivo desconcierto generado por la nueva crisis? Que el olvido sólo haya sido parcial, dada la política económica que contuvo parcialmente los efectos, en modo alguno, niega esta posibilidad: la política fiscal y monetaria de la Unión Europea y el programa económico del Partido del Té en Estados Unidos demuestran, con claridad, que funcionan con gran eficacia.


En cualquier caso, la coyuntura que domina la economía mundial desde el 2009, encaja perfectamente en esta definición. Si bien hubo quienes pronosticaron la debacle de la banca de inversión, no hubo nadie que pudo hacerlo de un modo totalmente convincente. ¿Hubo, acaso, alguien capaz de vaticinar el terremoto del Japón, las revoluciones del Oriente Medio, el extraño comportamiento del clima, la enigmática popularidad del partido del Té en los Estados Unidos, el rápido descenso de la popularidad del nuevo presidente de los Estados Unidos o el extraño comportamiento del sol? Una masiva sucesión de eventos altamente improbables que generan, en la economía mundial, un desorden masivo sino que modifica las bases mismas que impulsaron a la nueva globalización.

Extraños eventos que no aparecen aislados o espaciados en el tiempo sino en desconcertante concurrencia que multiplican su potencia. Por ejemplo, no es el clima la única causa que explica el rápido aumento que registraron en estos últimos meses los alimentos, sino también la política monetaria de los Estados Unidos y de los países de Asia, aunque quizás haya jugado un papel en el desarrollo de las revoluciones del Medio Oriente y el rápido aumento en el precio del petróleo. Y, ¿no son estos sucesos los que justificaron parcialmente la desconcertante política económica de los nuevos gobiernos conservadores de la Unión Europea?

No podemos comprender el impacto de esta insólita constelación de fuerzas, sin recordar cuáles fueron los procesos que dominaron la nueva globalización y el efecto que la misma ejerce sobre éstos.Dos procesos parecen haber dominado la dinámica de la II Globalización que se inició en los 1980s. El primero correspondió a la conjunción de internet con la tecnología financiera que produjo el esquema de finanzas estructuradas y un gran crecimiento de capital financiero en todas partes. Como consecuencia, aparecieron muchos instrumentos financieros que parecían seguros, pero no lo eran. A este proceso correspondió el primer cisne negro, la crisis del 2008 que hizo caer la demanda agregada en todo el mundo. El segundo proceso fue una revolución de la logística, hecha posible por el precio relativamente bajo de la energía que prevaleció en los 1990s y por la reducción de fletes entre Asia y el resto del mundo, gracias a la introducción de los contenedores en el transporte marítimo. Gracias a esto fue posible crear grandes cadenas productivas que operaban a nivel internacional mediante la deslocalización de fábricas, como consecuencia, surgió un alto dinamismo entre los Estados Unidos y Asia, así como cambios en la red de comercio entre China y otras economías asiáticas, las cuales, antes enviaban productos a los Estados Unidos, ahora es posible enviarlos a China, que se encarga de convertir la materia prima en productos manufacturados y enviarlo a los Estados Unidos. Eso permite diseñar los productos en un lado, producir las partes o materia prima en otro y ensamblar o manufacturar en un lugar distinto. Como consecuencia, se tiene una reducción significativa de los inventarios en todas las partes involucradas, lo cual ha cambiado radicalmente el sector servicios en los Estados Unidos, llevando, por ejemplo, a la desaparición de las comercializadoras pequeñas.
El problema con estas cadenas es que inicialmente presuponen que el tráfico de mercancías no se va a interrumpir por un choque -se interrumpiría este tráfico de mercancías solo ante un evento geopolítico como una guerra, o un evento natural inesperado que afecte a un componente importante de la cadena- en ese sentido, el terremoto de Japón es importante porque muestra la vulnerabilidad del sistema. Dada la importancia de la economía japonesa como nodo de la cadena productiva, esta puede quedar completamente paralizada ante un choque. Si Japón es el único fabricante de piezas que, aunque pequeñas, son necesarias para la fabricación de ciertos productos (sin ser necesariamente las más importantes), su paralización puede detener la producción por completo. Un caso muy particular fue la demora en el lanzamiento de la segunda versión del iPad de Apple, que se retrasó luego del terremoto debido a que algunos componentes (baterías y una pieza que funciona como compás) sólo eran producidos en Japón.

Esta posible paralización de la cadena productiva tiene una implicancia importante para las empresas que siguen este esquema, ya que, cuando se valorizó estas empresas no se consideró el riesgo de paralización de la cadena. Si bien una empresa que opera desintegrada, sin inventarios, tiene menos costos, está expuesta a mayor riesgo. Una cadena de este tipo carece de redundancia, lo que la hace, al menos en apariencia, más eficiente, sin embargo, el costo por redundancia que se evita al descentralizar el proceso productivo implica una pérdida de flexibilidad y de capacidad de respuesta ante eventos inesperados, al no incorporar componentes redundantes quedaron vulnerables a eventos que implican un costo de paralización no anticipada y, dado que fueron valorizadas con distribuciones normales (que subestiman el costo esperado de eventos catastróficos de baja probabilidad), aparentan un valor mayor al verdadero.

En el corto plazo, se verá un aumento más o menos persistente de la inflación, los Estados Unidos han tenido la tasa de inflación más alta en mucho tiempo, mientras que en Inglaterra esta es alrededor de 5%, este incremento tiene implicancias importantes para la política económica, pues, al impedir mantener la política monetaria actual, los bancos centrales se van a ver en la necesidad de subir la tasa de interés, lo cual, resulta complicado dada la coyuntura, ya que muchos países aún no terminan de salir de la recesión.

Los países afectados por los choques de oferta (o geopolíticos) son Japón y los países árabes, que son, después de China, las fuentes más importantes de fondos financieros. La participación combinada de Japón y los países árabes en los bonos del tesoro norteamericano probablemente sea casi tan grande como la de China (aproximadamente el 45%). Esto significa que van a haber presiones hacia la subida de la tasa de interés de los Estados Unidos, lo cual dificultará la política monetaria de la Reserva Federal.

Por otro lado, Japón es una fuente de fondos barata para el capital especulativo. Los especuladores se llevan el capital a Londres, de donde lo recanalizan a otras partes del mundo, como la bolsa norteamericana y los grandes países emergentes como Brasil. Este canal funciona correctamente mientras Japón produzca un excedente de fondos, por lo que ante una paralización de la economía japonesa el sector especulativo va a empezar a descender.

Limitar el análisis a esto, sin embargo, sería negar la estrecha relación entre los movimientos de la economía y la política, es muy probable que, si aumenta la inflación, se incremente también el descontento popular ¿Qué ocurrió con los programas para reactivar la economía mundial? No sería extraño que surjan dudas sobre la efectividad de estos y los gobiernos de turno. Habría, entonces incentivos para reactivar partidos nacionalistas, como ya está ocurriendo en Europa, donde los gobiernos conservadores están implementando programas de restricción fiscal. Mientras tanto, en los Estados Unidos se puede apreciar el crecimiento del Tea Party y la tendencia del partido Republicano, que controla varios Estados, de llevar a cabo políticas para recortar el gasto público. Resulta interesante cómo los cambios en los países árabes van a afectar a los países industriales si no se remedia la situación.

La industria que más ha sido golpeada por estos choques es aquella con la que los países querían cambiar su estructura energética. La energía nuclear había sido “vendida” como una fuente segura y limpia. Sin embargo, luego del terremoto, muchos países van a retardar sus planes de inversión o eliminarlos totalmente y la mayoría probablemente va a buscar alternativas, esto presionará la demanda por petróleo y aumentará aún más su precio. Es también probable, sin embargo, que haya una tendencia hacia desarrollar tecnología de fuentes de energía alternativa como las solar y la eólica, que cambie la estructura energética.

En el mediano plazo habrá efectos de la recuperación de Japón, dado que es un país tradicionalmente superavitario -la reconstrucción japonesa puede prolongarse más allá de lo anticipado-. Si bien se puede reconstruir bastante en seis meses, la reconstrucción total puede demorar hasta dos o tres años, entonces, el superávit se reducirá e incluso la cuenta corriente entre Japón y los Estados Unidos podría volverse deficitaria, lo cual, puede generar también efectos de largo plazo, pues ahí el valor de la moneda es determinado por la cuenta corriente.

El choque también tendría consecuencias de largo plazo sobre la estructura de determinadas industrias. Si Japón no arregla a tiempo sus problemas logísticos puede perder el dominio que tiene en determinadas cuestiones industriales. Por ejemplo, si comienzan a escasear los Toyota y la desordenación de la cadena logística no se arregla luego de año y medio, los consumidores van a preferir comprar otro carro. Incluso es posible que, si la paralización se generaliza, se cuestione la sensatez de estas cadenas de producción, pues ha quedado en evidencia la fragilidad de una economía completamente descentralizada. ¿Qué más depara el futuro? ¿A que otros vaivenes estará sometida la economía mundial? Resulta demasiado pronto para decirlo, a fin de cuentas, alguna vez se creyó que todos los cisnes son blancos.

III

En su estudio sobre las Crisis y los Ciclos Económicos publicado en 1939, Joseph Schumpeter, una de las teorías más conocidas y fascinantes de los ciclos económicos. Según la misma, hay en una sociedad industrial ciclos de diferente longitud y dominados por distintos fuerzas : el ciclo de Kitchin de corta duración expresaba la dinámica de los planes de producción y de los inventarios, el de Juglar que duraba entre ocho y onece años los programas de inversión en infraestructura o capital fijo y el de Kondratieff que duraba casi medio siglo el impacto de las innovaciones tecnológicas.

No debemos confundir una innovación con un mero cambio en la productividad ni creer que la misma tiene un carácter estrictamente material. Hay innovaciones de distinta clase: institucionales ( nuevas formas de gestión empresarial y regulación estatal), políticas ( la aparición en la escena mundial de un país de dimensión continental como Estados Unidos al finalizar el siglo XIX o China al finalizar el XX, y, técnicas ( la máquina de vapor, los ferrocarriles, los materiales sintéticos, los bienes de consumo durable y las computadoras).
Según Schumpeter, cuando se introduce una innovación en la economía sigue un período de rápido crecimiento porque la misma expande las dimensiones de la división del trabajo tanto en un sentido horizontal como vertical. Cuando ésta hace aparecer nuevas industrias y productos, hay una expansión horizontal, que altera la demanda de los consumidores, la estructura de la industrias , los métodos de organización del trabajo y las exigencias de las instituciones educativas. La conmoción que produce depende de su transcendencia pero todas provocan un aumento transitorio en la rentabilidad de las inversiones y la ejecución de un programa de inversiones de larga duración.

Es importante mencionar que el estudio de los ciclos de Kondratieff es una empresa que es por varias razones bastante atrevida. En efecto, su comprobación estadística requeriría de la observación de un número significativo de “revoluciones tecnológicas” y ello, dada la breve existencia de las sociedades industriales, es algo imposible. También, las técnicas estadísticas usuales no están bien adaptas para estudiar sucesos discontinuos y poco frecuentes y procesos estocásticos no lineales y no estacionarios. Sin embargo, en un extraordinario ensayo[1], A Spectral Analysis of World GDP Dynamics: Kondratieff Waves, Kuznets Swings, Juglar and Kitchin Cycles in Global Economic Development, and the 2008–2009 Economic Crisis, Andrey Korotayev y Tsirel Sergey, investigadores de Academia de Ciencias de Moscú y de la Universidad Técnica Plekhanov de San Pestesburgo, afirman haber detectado la presencia del ciclo de larga duración en un serie que resume la dinámica del PIB Mundial para el período comprendido entre 1870 y el 2007.

En este mismo trabajo, los autores enumeran las revoluciones tecnológicas que habrían ocurrido en la era del capitalismo industrial: (1)la primera revolución industrial ( 1790-1851); (2) la era del vapor y el ferrocarril (1851-1896) ; (3) la era del acero y la electricidad (1896-1950); (4) La edad de oro del capitalismo (1950-1991) ; (5) la era de la información ( 1991- 2030?).

Aunque existen modelos alternativos de periodización que postulan una reducción en la longitud del ciclo de larga debido a la aceleración del progreso de la ciencia y la tecnología, todas señalan tecnologías y desarrollos esencialmente similares. Cada revolución tecnológico pueden subdividirse en fases de menor longitud . Así, en el modelo más simple se distinguen dos etapas, la prosperidad y la crisis, pero esquemas más complicados postulan una división alternativa en fases de 17 años de duración , denominadas ciclos de Kuznets.

IV

Sea cual fuera la interpretación, la discusión nos puede permitir tres etapas en la revolución de la información.

La primera etapa correspondió a la popularización de las computadoras y su uso en forma aislada. Como consecuencia de esto, apareció una multiplicidad de industrias y nuevos productos en mercados relativamente poco concentrados, donde había muchos ofertantes, tanto en hardware como en software.

La segunda fase fue dominada por la aparición de internet y por las redes de computadora, primero locales y luego globales. La tecnología de conexión que usaban estas computadoras, sin embargo, era de banda angosta. El contenido que circulaba en el Internet consistía básicamente de textos, programas o productos virtuales apropiados para esta situación. En esta se produce cierta concentración tanto por el lado del hardware como el de software. Las grandes empresas que dominaron el mercado en esta etapa fueron Microsoft que controlaba el sistema operativo más popular , Windows, y el programa de mayor uso, Microsoft

Al parecer, en los próximos años, se iniciaría una nueva etapa marcada por la desaparición de las computadoras especializadas en actividades generales, las cuales serán sustituidas por dispositivos de naturaleza más especializada: teléfonos inteligentes, televisores inteligentes, consolas de videojuegos.

La principal diferencia de esta fase respecto a las anteriores es el internet de banda ancha. A diferencia de lo que ocurrió en las dos anteriores, los productos que dominan esta fase de la revolución tecnológica, más que nuevos, son sustitutos de productos antiguos. Por lo cual es posible que este dinamismo tecnológico haga desaparecer ramas enteras del sector servicio. Así como está ocurriendo con negocios como las librerías, que han sido desplazados en países desarrollados por servicios como Amazon, nuevos servicios han empezado a sustituir medios como la radio y la televisión. El más claro ejemplo es la iTunes Store de Apple, que ofrece audio, video y aplicaciones para dispositivos de la compañía. Existen también otros servicios como Hulu, que ofrece televisión digital por suscripción, y Netflix, que permite descargar y ver películas instantáneamente.

En esta nueva fase, las computadoras dejarán de ser autosuficientes y su funcionamiento dependerá crecientemente del acceso que tenga el usuario al internet. El software instalado en las computadoras será sustituido en su mayor parte por aplicaciones en línea y los contenidos pasarán de los discos duros a estar almacenados en distintos servidores a los que se podrá acceder por internet. Ello ya está provocando una revisión de los sistemas operativos antiguos a favor de sistemas nuevos distribuidos, tendencia que está tomando fuerza con el lanzamiento del sistema opreativo de Chrome OS, sistema operativo de Google, y la próxima versión del OSX de Apple, que busca integrar su sistema operativo de teléfonos y el de computadoras.

En la nueva industria, el esquema básico estará basado en la generación de una gran tienda virtual para distribuir contenidos informáticos, como música, televisión, películas y software y en la creación de una gigantesca red de ofertantes hacia estas empresas, que se encargarán de organizarlos y su contenido. Es obvio que los efectos de esta fase pueden determinar la desaparición de ramas que ahora funcionan de forma independiente. Por ejemplo, una compañía aislada de televisión por cable difícilmente va a poder competir con otra que proporcione contenidos digitales, pues su servicio se torna redundante, del mismo modo que mucha gente ha empezado a optar por no comprar periódicos y prefiere informarse por internet. En general, en esta fase hay mucha sustitución de productos por parte de los consumidores.

¿Qué dinamismo adicional inyectaría en la economía mundial esta tercera fase? En primer lugar, resulta obvia la necesidad de inversión sustancial en fibras de alta velocidad e inversión adicional para la sustitución del cableado de cobre por fibra óptica. Inclusive, en muchos casos, la ubicuidad de los nuevos artefactos hará que se ceda ante la tecnología inalámbrica en perjuicio de la tecnología de cableado. Es necesaria, además, inversión adicional en software para sustituir los sistemas viejos por los antiguos y en la creación de los nuevos productos. La desaparición de otras industrias y la desinversión, sin embargo, impiden conocer con certeza cuál será el resultado neto. ¿Qué más depara el futuro? ¿A que otros vaivenes estará sometida la economía mundial? Resulta demasiado pronto para decirlo, a fin de cuentas, alguna vez se creyó que todos los cisnes son blancos.










[1] El lector interesado puede recuperar este ensayo sin costo en la siguiente dirección electrónica http://www.escholarship.org/uc/item/9jv108xp#page-28.

La Danza de Shiva II

Bruno  Seminario
Lo Altamente Improbable y la Economía Mundial


¿Se vislumbra ya alguna solución para estas intratables y espeluznantes cuestiones de política? ¿Cuáles son, en todo caso, las distintas visiones en concurso en este debate tan singular? ¿Hay una solución viable o es tan intricado el entrampamiento que sólo puede ser desbaratado por la más gigantesca y ruinosa conmoción? Nadie por ahora puede saberlo con certidumbre absoluta; pero gracias al gentil esfuerzo de  los economistas que aceptaron las proposiciones de la Nueva Economía Clásica y de  otros especialistas interesados en el tema  podemos por lo menos orientarnos e identificar las distintas propuestas.

En el Cisne Negro, El Impacto de lo Altamente Improbable, Nassim Nicholas Taleb, un filósofo y ensayista libanés, se desarrolla una visión del riesgo similar a la propuesta por Knight y Keynes. Según Taleb, el Cisne Negro es un suceso con tres atributos esenciales: rareza, impacto tremendo y predictibilidad retrospectiva. Es raro pues nada en el pasado puede señalar de modo totalmente convincente su posibilidad.  Tremendo y decisivo su impacto, porque es capaz  porque es capaz de alterar el curso de la historia.  Predecible retrospectivamente por el rechazo de la naturaleza humana a cualquier existencia sin sentido. Como consecuencia no puede dejar de inventar “explicaciones”  para racionalizar su existencia y así olvidar al suceso en el futuro. 


¿Explican, acaso, estas fábulas  el   masivo desconcierto  generado por la nueva crisis?  Que  el olvido sólo haya sido parcial, dada la política económica que contuvo parcialmente los efectos, en modo alguno, niega esta posibilidad: la política fiscal y monetaria de la  Unión Europea y el programa económico del Partido del Té en Estados Unidos demuestran, con claridad, que funcionan con gran eficacia.


En cualquier caso, la coyuntura que domina la economía mundial desde el 2009, encaja perfectamente en esta definición.  Si bien  hubo quienes pronosticaron la debacle de la banca de inversión, no hubo nadie que pudo hacerlo de un modo totalmente convincente.  ¿Hubo, acaso, alguien capaz de vaticinar el terremoto del Japón, las revoluciones del  Oriente Medio,  el extraño comportamiento del clima, la enigmática popularidad del partido del Té en los Estados Unidos, el rápido descenso de la popularidad del nuevo presidente de los Estados Unidos o el extraño comportamiento del sol?  Una masiva sucesión de eventos altamente improbables que generan, en la economía mundial, un desorden masivo sino que modifica las bases mismas que impulsaron a la nueva  globalización.  

Extraños eventos que no aparecen aislados o espaciados en el tiempo sino en desconcertante concurrencia  que multiplican su potencia. Por ejemplo, no es el clima la única causa que explica el rápido aumento que registraron en estos últimos meses los alimentos, sino también la política monetaria de los Estados Unidos y de los países de Asia, aunque quizás haya jugado un papel en el desarrollo de las revoluciones del Medio Oriente y el rápido aumento en el precio del petróleo. Y,  ¿no son  estos sucesos los que justificaron  parcialmente la  desconcertante política económica de los nuevos gobiernos conservadores de la Unión Europea? 

No podemos comprender el impacto  de esta insólita constelación de fuerzas, sin recordar cuáles fueron los  procesos  que  dominaron  la nueva globalización  y el efecto  que la misma ejerce sobre éstos.Dos procesos parecen haber dominado la dinámica de la  II Globalización  que se inició en los 1980s.  El primero correspondió a la conjunción de internet con la tecnología financiera que produjo el esquema de finanzas estructuradas y un gran crecimiento de capital financiero en todas partes. Como consecuencia, aparecieron muchos instrumentos financieros que parecían seguros, pero no lo eran. A este proceso correspondió el primer cisne negro, la crisis del 2008 que hizo caer la demanda agregada en todo el mundo. El segundo proceso fue una revolución de la  logística, hecha posible  por el precio  relativamente bajo de la energía que prevaleció  en los 1990s y por la reducción de fletes entre Asia  y el resto del mundo, gracias a la introducción de los contenedores en el transporte marítimo. Gracias a esto fue posible crear grandes cadenas productivas que operaban a nivel internacional mediante la deslocalización de fábricas, como consecuencia, surgió un alto dinamismo entre los Estados Unidos y Asia, así como cambios en la red de comercio entre China y otras economías asiáticas, las cuales, antes enviaban productos a los Estados Unidos, ahora es posible enviarlos a China, que se encarga de convertir la materia prima en productos manufacturados y enviarlo a los Estados Unidos. Eso permite diseñar los productos en un lado, producir las partes o materia prima en otro y ensamblar o manufacturar en un lugar distinto. Como consecuencia, se tiene una reducción significativa de los inventarios en todas las partes involucradas, lo cual ha cambiado radicalmente el sector servicios en los Estados Unidos, llevando, por ejemplo, a la desaparición de las comercializadoras pequeñas.


El problema con estas cadenas es que inicialmente presuponen que el tráfico de mercancías no se va a interrumpir por un choque -se interrumpiría este tráfico de mercancías solo ante un evento geopolítico como una guerra, o un evento natural inesperado que afecte a un componente importante de la cadena- en ese sentido, el terremoto de Japón es importante porque muestra la vulnerabilidad del sistema. Dada la importancia de la economía japonesa como nodo de la cadena productiva, esta puede quedar completamente paralizada ante un choque. Si Japón es el único fabricante de piezas que, aunque pequeñas, son necesarias para la fabricación de ciertos productos (sin ser necesariamente las más importantes), su paralización puede detener la producción por completo. Un caso muy particular fue la demora en el lanzamiento de la segunda versión del iPad de Apple, que se retrasó luego del terremoto debido a que algunos componentes (baterías y una pieza que funciona como compás) sólo eran producidos en Japón.


Esta posible paralización de la cadena productiva tiene una implicancia importante para las empresas que siguen este esquema, ya que, cuando se valorizó estas empresas no se consideró el riesgo de paralización de la cadena. Si bien una empresa que opera desintegrada, sin inventarios, tiene menos costos, está expuesta a mayor riesgo. Una cadena de este tipo carece de redundancia, lo que la hace, al menos en apariencia, más eficiente, sin embargo, el costo por redundancia que se evita al descentralizar el proceso productivo implica una pérdida de flexibilidad y de capacidad de respuesta ante eventos inesperados, al no incorporar componentes redundantes quedaron vulnerables a eventos que implican un costo de paralización no anticipada y, dado que fueron valorizadas con distribuciones normales (que subestiman el costo esperado de eventos catastróficos de baja probabilidad), aparentan un valor mayor al verdadero.


En el corto plazo, se verá un aumento más o menos persistente de la inflación, los Estados Unidos han tenido la tasa de inflación más alta en mucho tiempo, mientras que en Inglaterra esta es alrededor de 5%, este incremento tiene implicancias importantes para la política económica, pues, al impedir mantener la política monetaria actual, los bancos centrales se van a ver en la necesidad de subir la tasa de interés, lo cual, resulta complicado dada la coyuntura, ya que muchos países aún no terminan de salir de la recesión.


Los países afectados por los choques de oferta (o geopolíticos) son Japón y los países árabes, que son, después de China, las fuentes más importantes de fondos financieros. La participación combinada de Japón y los países árabes en los bonos del tesoro norteamericano probablemente sea casi tan grande como la de China (aproximadamente el 45%). Esto significa que van a haber presiones hacia la subida de la tasa de interés de los Estados Unidos, lo cual dificultará la política monetaria de la Reserva Federal. 


Por otro lado, Japón es una fuente de fondos barata para el capital especulativo. Los especuladores se llevan el capital a Londres, de donde lo recanalizan a otras partes del mundo, como la bolsa norteamericana y los grandes países emergentes como Brasil. Este canal funciona correctamente mientras Japón produzca un excedente de fondos, por lo que ante una paralización de la economía japonesa el sector especulativo va a empezar a descender.

Limitar el análisis a esto, sin embargo, sería negar la estrecha relación entre los movimientos de la economía y la política, es muy probable que, si aumenta la inflación, se incremente también el descontento popular ¿Qué ocurrió con los programas para reactivar la economía mundial? No sería extraño que surjan dudas sobre la efectividad de estos y los gobiernos de turno. Habría, entonces incentivos para reactivar partidos nacionalistas, como ya está ocurriendo en Europa, donde los gobiernos conservadores están implementando programas de restricción fiscal. Mientras tanto, en los Estados Unidos se puede apreciar el crecimiento del Tea Party y la tendencia del partido Republicano, que controla varios Estados, de llevar a cabo políticas para recortar el gasto público. Resulta interesante cómo los cambios en los países árabes van a afectar a los países industriales si no se remedia la situación.


La industria que más ha sido golpeada por estos choques es aquella con la que los países querían cambiar su estructura energética. La energía nuclear había sido “vendida” como una fuente segura y limpia. Sin embargo, luego del terremoto, muchos países van a retardar sus planes de inversión o eliminarlos totalmente y la mayoría probablemente va a buscar alternativas, esto presionará la demanda por petróleo y aumentará aún más su precio. Es también probable, sin embargo, que haya una tendencia hacia desarrollar tecnología de fuentes de energía alternativa como las solar y la eólica, que cambie la estructura energética.

En el mediano plazo habrá efectos de la recuperación de Japón, dado que es un país tradicionalmente superavitario -la reconstrucción japonesa puede prolongarse más allá de lo anticipado-. Si bien se puede reconstruir bastante en seis meses, la reconstrucción total puede demorar hasta dos o tres años, entonces, el superávit se reducirá e incluso la cuenta corriente entre Japón y los Estados Unidos podría volverse deficitaria, lo cual, puede generar también efectos de largo plazo, pues ahí el valor de la moneda es determinado por la cuenta corriente.

El choque también tendría consecuencias de largo plazo sobre la estructura de determinadas industrias. Si Japón no arregla a tiempo sus problemas logísticos puede perder el dominio que tiene en determinadas cuestiones industriales. Por ejemplo, si comienzan a escasear los Toyota y la desordenación de la cadena logística no se arregla luego de año y medio, los consumidores van a preferir comprar otro carro. Incluso es posible que, si la paralización se generaliza, se cuestione la sensatez de estas cadenas de producción, pues ha quedado en evidencia la fragilidad de una economía completamente descentralizada. ¿Qué más depara el futuro? ¿A que otros vaivenes estará sometida la economía mundial? Resulta demasiado pronto para decirlo, a fin de cuentas, alguna vez se creyó que todos los cisnes son blancos.

La Danza de Shiva I

Bruno Seminario                                                                                      
Crisis Económica y Sorpresa

¿Entienden, realmente, los especialistas en cuestiones internacionales la desconcertante coyuntura internacional o son los acontecimientos tan extraordinarios que desafían incluso a la más fina interpretación convencional? En todo caso no sería la primera vez que la Historia desafía a los economistas al mostrar, espléndida y salvaje, el consumado resultado de su potente energía.

¿Quién, acaso, puede ignorar, el desventurado papel de la sabiduría convencional cuando ocurrió la gran crisis de 1929 y las desdichada interpretación de los acontecimientos que en ese entonces inspiró la sabiduría convencional? Irving Fisher, por ejemplo, perdió la totalidad de su fortuna y con ella también su gran reputación cuando días antes del desplome de la bolsa de Nueva York, expresaba, con gran seguridad, que el precio de las acciones no estaba inflado por el desenfreno de los especuladores, sino que éstos habían alcanzado un nuevo y permanente equilibrio. Para Pigou, el maestro de Keynes, el desempleo en Inglaterra sólo era la consecuencia inevitable de la perversa acción de los sindicatos británicos que impedían un ajuste hacia abajo de los sueldos y salarios. A pesar que los datos indicaban que el desempleo afectaba a casi un tercio de la fuerza laboral insistía con vehemencia en tal opinión. De la misma manera que en ese entonces, los cruciales eventos que hoy vivimos, vuelven a superar los lindes de incluso los más atrevidos espíritus. Y, como es natural, en estas circunstancias prevalece la confusión pues sólo del caos primordial puede surgir una solución definitiva.

Porque el Olvido no diluye aún sus formas más interiores, el desastre económico del 2008,  todavía es la fuerza que rige la dinámica de los espacios globales  y es probable que sea esta situación la norma del Mundo  para el  inmediato futuro.  En un breve e intrigante trabajo de divulgación sobre la catástrofe, los profesores españoles Gabriel Tortella y Clara Eugenia Nuñez dicen que la cualidad  característica del fenómeno es la sorpresa, pero una  bastante peculiar, pues no tiene su origen en la llegada de la crisis sino en el hecho de que haya tantos sorprendidos. 

Que esta es una afirmación insólita  puede resultar evidente para los historiadores de la economía y los especialistas más perspicaces ,pues los desastres económicos y sociales son tan antiguos como la historia humana. Pero si esto es así, ¿cómo explicar el masivo estupor, el desconcierto abrumador? Cuestión fundamental que todavía no tiene una respuesta satisfactoria, quizás porque pocos han hecho algún esfuerzo para comprender plenamente su sentido. No se trata de dilucidar si hubo alguien que pudo vaticinar el advenimiento de la crisis, sino de responder  por qué fue desechada la opinión de quienes lo hicieron. Para Paul Krugman, la respuesta se encuentra en la Edad Obscura y en el retroceso  intelectual   que experimentó el espíritu occidental cuando olvidó lo que ya conocían griegos y romanos. Según    Krugman, un desarrollo similar registró la macroecoeconomía  debido al  predominio  intelectual del Neoliberalismo  en general y el de la Nueva Economía Clásica en particular. 



Aunque la Nueva Economía clásica se confunde con el Monetarismo de  Milton Friedman y la escuela de Chicago, quizás, por su fe inquebrantable en la estabilidad del mercado, posee una base metodológica bastante diferente.  La Nueva Economía clásica es una creación de Robert Lucas, Thomas Sargent, Edward Prescott, Robert Barro, Neill Walace y Cristopher Sims,En su mayor parte entrenados en la Universidades de Harvard, Carnegie Mellon y Chicago   donde prosperaron, en los 1960s, las escuelas de equilibrio general, el uso de la programación dinámica, la computación y las matemáticas como medio de expresión del conocimiento económico. En contraste, Milton Friedman y sus principales colaboradores, favorecen  una metodología básicamente empírica, las respuestas parciales, los  modelos de dimensiones reducidas que enfatizan los principales canales de causalidad, y, una forma de expresión que  usa palabras o  un lenguaje matemático bastante elemental.  Así, mientras que cualquier persona educada podía entender lo que decía  Milton Friedman y descubrir sin dificultad  las bases fundamentales de su forma razonar ; para hacer lo mismo con el Nuevo Obscurantismo, es necesario recibir un entrenamiento técnico especial.


Elegancia, obscuridad y sofisticación, que produce un doble efecto: potente atracción en las generaciones jóvenes y  respeto reverencial en  los aficionados, políticos, burocracia estatal, periodistas, ideólogos, etc., los cuales  a lo largo de la historia han demostrado cierta predisposición para aceptar con levedad todo aquello que no pueden entender especialmente si  favorece su inmediato interés.

Se dice con demasiada frecuencia que en el paradigma de la Nueva Economía clásica  son imposibles las recesiones pero ésta es una afirmación  inexacta   que con facilidad podría ser rebatida por cualquier economista que simpatice con las proposiciones centrales del nuevo paradigma.  

En realidad,   todas las figuras centrales de la Nueva Macroeconomía afirman que  pueden explicar las fluctuaciones que exhibe la producción y el empleo en una economía  capitalista   . Es más, sostienen que su explicación es superior a la de Keynes   porque ésta  es consistente con  el postulado de racionalidad , central para la consistencia de la teoría económica.  Para probarlo  elaboraron, entre los 1970s y 1990s,  dos teorías de los ciclos económicos.  Así, en  un modelo  publicado en los 1970s,    dice Robert Lucas que una recesión  es  provocada  por la confusión de los trabajadores y  empresas, los cuales por carecer de información adecuada y oportuna confunden las señales que transmite el sistema de precios, es decir, las variaciones que se explican por el juego de la oferta y la demanda, en un mercado particular, con aquellas  que tienen su origen en el movimiento de la oferta monetaria. En el segundo modelo, creado en los 1980s por  Edward Prescott, esta explicación es desechada  y sustituida por una alternativa en que las fluctuaciones de la producción  tienen su origen en  ritmo irregular del progreso técnico.

Si bien esta forma de razonar puede parecer algo peculiar, más extraordinarias resultan las conclusiones que pueden ser extraídas de estos elegantes modelos. Así, un descenso en la producción no justifica una política económica activista pues ésta sólo aumentaría las penas o disminuiría, en general, el bienestar de cualquier sociedad que la ponga en marcha. Como ésta es la proposición más conocida de la nueva economía clásica, quizás por eso mismo, se tiende a confundir con otra que negaría efectos o potencia alguna a la política económica;  los simpatizantes de la Nueva Macroeconomía nunca ha dicho que  no pueda ella afectar la trayectoria del producto o el empleo de una economía ,empero. Afirman  algo más singular: piensan que el desarrollo que exhibe cualquier economía capitalista es siempre el mejor posible, aunque incluya abruptos descensos en el producto o una masiva desocupación.

Es quizás oportuno, si se desea apreciar con mayor claridad la lógica de los defensores de esta posición recordar , la novela Cándido de Voltaire y a uno de sus personajes centrales, un seguidor incondicional de la filosofía de Leibniz y de su teoría del Optimismo, el Dr. Pangloss.
 Cándido es en efecto una sátira que intenta criticar la inacción que se deriva lógicamente del optimismo postulado por Leibniz. En efecto, el filósofo alemán  postulaba que el mundo en que vivimos es “ el mejor de los mundos posibles”, es decir, una doctrina basada en un “optimismo sistemático” predispuesta a creer que todo lo que ocurre lo hace con un propósito bien definido , sin importar cuán terrible parezca , ni tampoco el daño y destrucción de cualquier evento o fenómeno específico.

Creía, en efecto, Leibniz, al igual que los estoicos de la época helenística, que el universo era regido por el destino, una ley inexorable que no podía ser alterada por la acción humana. Además, ya que Dios tenía el poder de elegir entre infinitas posibilidades, había creado  un mundo optimizado. Es necesario aclarar que la idea de Leibniz es más compleja ya que lo que el filósofo quiere indicar es que Dios eligió la mejor de todas las posibilidades entre un conjunto de mundos posibles  donde en todos existe el mal.

En Cándido, el Dr. Pangloss  está  predispuesto a la inacción absoluta. Cuando, por ejemplo, ocurre el terremoto de Lisboa ,que produce la muerte de 30.000 personas, Pangloss, firme en su optimismo, establece que el desastre ocurrió para el mejor de los propósitos ya que es imposible que esto no sea así. Cuando llega a Inglaterra y es testigo de la ejecución de un almirante por no haber ganado una batalla nava; piensa, Pangloss que después de todo es bueno ,de cuando en cuando, ajusticiar almirantes para animar a otros a cumplir con su trabajo.

Caracteriza también a la Nueva Macroeconomía una  visión bastante   peculiar que desecha  cualquier diferencia entre riesgo e incertidumbre, el  cambio abrupto y discontinuo y  el papel de los  eventos catastróficos en la historia humana. 

Según esta forma de concebir el mundo, las  expectativas de los agentes económicos pueden  siempre calcularse, expresarse en forma bien definida  y así  reducirse a  simples condiciones matemáticas que coinciden con  valores esperados de las distintas variables económicas. 
Este tratamiento de la probabilidad como algo objetivo e independiente de la historia y estado inicial de una economía , desempeña un rol crucial en la teoría  financiera de los mercados eficientes, en el  tratamiento de la política económica,  y,   en la dos teorías del ciclo económico que propone la Escuela. En la monetaria  porque sin ella  las políticas públicas son siempre relevantes; en la teoría real para  poder presentar al progreso tecnológico  como  un proceso predecible y regular.

Frente a este tratamiento del riesgo y la incertidumbre, podemos oponer  las opiniones de   Frank H. Knight y John Maynard Keynes, quienes pensaban que  sólo el riesgo y no la incertidumbre pueden expresarse en forma cuantitativa  pero que era la incertidumbre la base de las decisiones económicas. También, podemos comparar el paradigma de Prescott del progreso técnico, con el tratamiento de Schumpeter, basado en el estudio de las innovaciones y revoluciones tecnológicas que no pueden reducirse a  simples aumentos de productividad. 

Después de la Crisis

sábado, 16 de octubre de 2010

Bruno Seminario
Profesor Universidad del Pacífico

¿Por qué las mayores economías del Mundo, Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, muestran tan pobre desempeño? Aunque los planes de estímulo económico permitieron contener los efectos de la Crisis, no parecen conducir al Mundo a una nueva era de prosperidad global sino a una cuya norma fundamental parecería ser el estancamiento secular y el retroceso general del proceso de globalización. Para Olivier Blanchard, economista principal del Fondo Monetario Internacional, una recuperación sostenible, balanceada y vigorosa , presuponía el logro de dos objetivos. En primer lugar, el abandono gradual de los programas de estímulo fiscal y su sustitución gradual por la demanda privada. En segundo lugar, cierta modificación en el modelo de desarrollo de China, la India y otras economías emergentes, para disminuir el papel de los mercados externos y aumentar el del mercado interno. Pero, las tendencias recientes nos muestran, con claridad, que el dinamismo de la inversión y el consumo privados en los países de mayor desarrollo relativo, es aún insuficiente, sea por el aumento en la tasa de ahorro personal, la debilidad del sistema financiero, la depresión del mercado hipotecario o el escaso dinamismo del progreso técnico. Tampoco se nota un cambio importante en el modelo de desarrollo de los grandes economías de Asia, continúa la acumulación de reservas internacionales, la política de resistir la apreciación de la moneda nacional y una lógica mercantilista domina todavía sus principales decisiones de política.

Que la economía mundial crezca 4,8 por ciento en el 2010, no debe sorprendernos sino la enorme dispersión de los distintos resultados regionales y la debilidad que muestra la recuperación en los economías avanzadas. Según el Fondo Monetario Internacional, en el presente año, el producto de estos países crecería sólo 2,8 por ciento; un resultado tan modesto que ni siquiera permite recuperar el nivel de producción de antes de la crisis. 

Nos dice la Oficina de Análisis Económico de los Estados Unidos que la economía de este país , en los últimos cuatro trimestres, creció a un ritmo promedio de 3 por ciento anual, pero también que el vigor de la recuperación, después de alcanzar un máximo en el IV trimestre del año pasado, se agotó con sorprendente rapidez.


Presione sobre el cuadro para apreciar las estadísticas con mayor claridad.

Pero, ¿qué determinaciones rigen este desarrollo tan peculiar como desconcertante? Tres son las fuerzas que parecen impulsar la expansión de la economía de los Estados Unidos: la inversión en inventarios, el crecimiento exportador, la innovación tecnológica y la aparición de nuevos productos. También tres son los determinantes de su debilidad: la depresión de la construcción, el endeudamiento de las familias y la falta de competitividad internacional. En el cuadro, detallamos el balance de estas fuerzas, su influencia en el crecimiento y su dinámica de corto plazo.

¿Cuál fue el desarrollo decisivo que detuvo la recesión y provocó la recuperación? Sin duda, la agresiva política monetaria que ejecutó el Banco Central de los Estados Unidos, pues fue ésta la que permitió superar la parálisis del mercado de crédito de corto plazo, normalizar las operaciones de corto plazo de las empresas, el gasto de consumo de las familias, la distribución interna de los productos y el comercio internacional. De hecho, la expansión exportadora y la acumulación de inventarios, explicaron casi la totalidad de la recuperación; fuerzas de corto plazo y de efecto transitorio, empero , porque en el primer semestre del presente año se convirtieron en el principal factor de la desaceleración.

Sin embargo, el curso de la política económica no agota la complejidad del proceso, pues ciertos factores de largo plazo contribuyeron al dinamismo. En efecto, en los últimos tres años , con la aparición de nuevos procesadores de bajo consumo de energía , el desarrollo de la televisión digital y el desarrollo del internet de banda ancha, han aparecido en el mercado nuevos bienes de consumo durable,computadoras portátiles de bajo costo, teléfonos inteligentes, sistemas operativos , redes sociales , tabletas electrónicas (IPAD), nuevos mecanismos de distribución de los contenidos digitales, que han impulsado el dinamismo de las industrias de alta tecnología. Este cambio técnico desempeño un papel crucial en la primera mitad de este año ; no sólo en Estados Unidos sino en la recuperación de las economías asiáticas más avanzadas. Por ejemplo, en el II trimestre del presente año, explicó casi el cincuenta por ciento del crecimiento de la economía estadounidense y probablemente impidió que se materializara un nuevo descenso en el producto, cuando se agotó el efecto del impulso fiscal y de la política monetaria .

¿Puede salvar este dinamismo tecnológico superior a la economía de los Estados Unidos de un largo período de estancamiento? No lo sabemos aún. La nueva ola de innovación tecnológica parece tener un alcance más limitado al de los 1990s, pero todavía no hemos presenciado la totalidad de los nuevos desarrollos. Además, Estados Unidos no disfruta, en esta oportunidad, del monopolio del nuevo cambio técnico. Las economías asiáticas más avanzadas, como Japón, China y la India, controlan varios aspectos fundamentales del proceso. Aunque los nuevos procesadores electrónicos se diseñan en Estados Unidos, es en China y Japón donde se localizan las fábricas que manufacturan los nuevos productos, y en la India donde se comienza a realizar la programación de uso general.



La Nueva Coyuntura Internacional

miércoles, 16 de junio de 2010





Bruno Seminario
Profesor de la Universidad del Pacífico



En los últimos cuatro meses, las oficinas de Estadística de las principales economías del Mundo nos han permitido conocer cuál  fue la marcha de la producción  mundial. Una breve y superficial revisión de la nueva información  demuestra cuán vigoroso y rápido ha sido el proceso de recuperación. Por ejemplo, la producción industrial de Estados Unidos, en el mes del mes de Abril, del presente año,  registró un crecimiento anualizado de 5,2 por ciento; en Asia, los resultados son  aún más espectaculares y para ilustrar los mismos podríamos señalar que la tasa crecimiento anualizada de la producción industrial  de Japón , Corea del Sur, y, China, en el mismo mes , fue 25,9, 19,9 y 17,8 por ciento , respectivamente; incluso en Europa, la nueva información revela un desarrollo similar: el  crecimiento de  abril de la producción industrial de Alemania fue de 13, 2 por ciento y de toda la Zona del Euro de 9.5 por ciento

Pero, esta coyuntura tan esplendorosa, ¿debe llevarnos a pensar que  terminó la primera  gran crisis del siglo XXI? ¿Viene después del colapso financiero y el derrumbe del mercado, un nuevo período de expansión mundial que exprese con mayor claridad  el nuevo papel  de China, la India, Rusia y Brasil en la economía Mundial? Aunque no podemos desechar con absoluta certidumbre, este vaticinio tan optimista,   podríamos cometer un grave error de juicio, si  aceptáramos este pronóstico, sin analizar, los nuevos y peligrosos desarrollos que se han registrado en Europa, a partir de mayo, pues estos sugieren el inicio de una nueva fase  del proceso.

Podemos, en primer lugar, que las espectaculares tasas de crecimiento que registra la producción industrial en todo el mundo, son una mera reflexión estadística de la intensidad de la recesión. Así, las economías que experimentaron el año pasado los descensos más abruptos, son aquellas, en los primeros cuatro meses del 2010, que muestran los aumentos más  notorios. Tampoco estos resultados incorporan el impacto de  los nuevos desarrollos, pues éstos sólo han de expresarse, con claridad, a partir de mayo.  En efecto, si algo expresa esta rápida y contundente recuperación,  es la  efectividad de las políticas de estímulo keynesianas.  A pesar de este éxito, aún no han aparecido en el mundo, un nuevo conjunto de industrias, capaces de reemplazar a las mismas, en la generación de la demanda agregada.  Hubo el año pasado,  algunas innovaciones tecnológicas que pueden estimular la inversión privada y así ofrecer un mecanismo de crecimiento que sea independiente del Estado. Sin embargo, su alcance parece muy limitado: televisión digital de alta resolución, nuevos teléfonos y modelos de computadoras,  lectores de libros electrónicos, etc.  Pero,  nadie prevé para el futuro inmediato una nueva revolución tecnológica  de la misma extensión como la que ocurrió en los 1980s.  

Sin ella, el dinamismo de la demanda interna,  depende en lo fundamental de la política fiscal y monetaria, y, de las medidas de estímulo al comercio exterior. Como el segundo factor, se limita  a  redistribuir el dinamismo de un país a otro, sin afectar la demanda mundial, el único factor  relevante  para el mundo como un todo sería la política económica, la  frágil y nerviosa psicología de los inversionistas financieros y la coordinación internacional de las políticas económicas.

El gran problema es que la política económica actual es claramente insostenible y decidida por las autoridades de los distintos países sin considerar el  efecto probable de la misma sobre otras economías o el mundo como un todo. Ello es así porque la globalización económica  ha avanzado a un ritmo más rápido que la política, la disminución de la importancia de las Instituciones Internacionales, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, y, la ineficacia de la actual arquitectura financiera internacional. En estas circunstancias,  la  ausencia de coordinación de las políticas económicas nacionales, puede generar con facilidad una nueva recesión.
En Europa, la recesión  ha provocado una transformación política gradual de la Unión Europea, es decir, la sustitución de gobiernos socialdemócratas por gobiernos conservadores. En  Estados Unidos,  hubo un cambio en la dirección opuesta.

Como la ideología  conservadora no tiene simpatía alguna con la expansión del Estado o  la política keynesiana,  estos nuevos gobiernos han anunciado  que retirarán las medidas de estímulo fiscal, pues temen que la expansión del gasto público pueda generar un aumento en la tasa de inflación.





El gran problema es que una política de esta naturaleza, en un sistema de tipo de cambio flexible, tiende a provocar una apreciación del dólar  respecto al euro,  un aumento de las exportaciones de  toda la zona del euro y  un disminución de sus importaciones.   Podemos comprender el impacto de estas políticas, con ayuda de la figura adjunta. En ella, hemos dividido el mundo en tres zonas: Estados Unidos, la Zona del Euro, y, China. En azul, pueden leerse las exportaciones de cada región hacia las otras zonas , y, en rojo sus importaciones. El valor que corresponde al año actual se representa en el color correspondiente, y, sin color el que corresponde al 2009.  En particular, China mantiene un superávit con Estados Unidos y la Zona Europea, pero la Eurozona un superávit comercial con los Estados Unidos.  Sin duda, la apreciación del euro y la desigualdad en las tasas de crecimiento entre ambas regiones, puede aumentar el valor de este superávit. En un artículo reciente publicado en el Financial Times, Fred Bergsten, estima que el  superávit comercial de la Zona del Euro, mantiene con  Estado Unidos, podría alcanzar 300 billones de dólares, y, así duplicar el valor que tuvo el déficit estadounidense en el 2006.
Es obvio que esta amenaza  puede  provocar una respuesta por parte de Estados Unidos   que tenga como objeto contener  los  efectos económicos y financieros de este nuevo desarrollo.  Aunque no conocemos aún cuál será la respuesta del gobierno estadounidense, no sería sorprendente que haya una guerra comercial entre Estados Unidos, China y la Zona del  Euro.   En  efecto, el gobierno de Obama no parece estar dispuesto a tolerar la política mercantilista de los gobiernos asiáticos y los nuevos gobiernos europeos.          

Medida y Crisis

jueves, 29 de abril de 2010

Una alternativa al PBI del INEI


Bruno Seminario


Para poder comprender el papel de los sistemas de contabilidad nacional en el mundo contemporáneo, resulta útil recordar un discurso reciente del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, pues el mismo sintetiza bastante bien el creciente descontento de un amplio sector de la opinión pública mundial con esta construcción teórica. En años recientes, los políticos más perspicaces han podido constatar una profunda disociación entre las percepciones subjetivas de la población y los resultados de los sistemas de contabilidad nacional. Intrigado por la misma, el presidente francés encargó a Joseph Stiglitz y Amartya Sen dirigir una comisión para indagar sobre el tema y proponer, si fuera necesario, una nueva forma de expresar el bienestar de una economía.

En su informe final, estos distinguidos especialistas indican que puede haber una enorme discrepancia entre la marcha del producto interno y la de las variables que gobiernan el bienestar individual. Por esta razón recomiendan otorgar un mayor peso a las trayectorias del ingreso nacional, el consumo y el ingreso personal; analizar la evolución de la riqueza y la dinámica de los balances sectoriales de los distintos agentes económicos; y estudiar la distribución de la riqueza, el ingreso y el consumo.

Quienes defienden a la Contabilidad Nacional y sus conceptos básicos argumentan que el producto bruto interno no tiene porque reflejar el bienestar de una economía, sino expresar cuán extensa es. Por esta razón, afirman que el indicador en cuestión cumple con eficiencia este papel más restringido. Pero, ¿es cierta esta afirmación? ¿Proporciona la contabilidad nacional una medida precisa del estado de una economía y de la marcha del ciclo de los negocios?

Si bien su concepto central, el producto bruto interno, registra teóricamente el valor total de la producción de bienes y servicios en un lapso específico, en la práctica, las agencias estadísticas, por razones diversas, carecen de la información requerida para realizar este cálculo teórico en el plazo requerido. Por esta razón, las agencias se ven obligadas a conjeturar la evolución de un número vasto de industrias o sectores económicos. Como resultado, sus estadísticas, especialmente en el corto plazo, no hacen sino consagrar un compromiso donde intervienen datos parciales, conjeturas educadas y procedimientos consagrados por la costumbre.

Existen, también, otras dificultades que pueden tener profunda relevancia para las economías no desarrolladas y que tienen que ver con la peculiaridad de su estructura productiva. En primer lugar, la metodología estadística que se utiliza en el proceso de estimación presenta limitaciones cuando la coyuntura es dominada por eventos extremos que afectan a un número muy limitado de industrias. En estas circunstancias, es probable que el índice global de producción no exprese las condiciones generales que prevalecen en una economía, sino lo que ocurre en estos sectores.

Sería un error creer que el advenimiento de la era de la información, puede solucionar la crisis conceptual de la contabilidad nacional. Los procedimientos utilizados para medir la actividad económica, en realidad, fueron inventados para reflejar la dinámica de una sociedad industrial, en la cual las industrias manufactureras, constituían el núcleo central de los países más avanzados. Como, en ésta, la producción se compone, en su gran mayoría, de productos estandarizados, es posible utilizar en cómputo de los agregados macroeconómicos, una medida unidimensional y definir, sin discusión, una unidad para medir el ritmo de la actividad económica. Sin embargo, el tránsito hacia una estructura productiva post-moderna, dominada por las industrias de servicios y la producción comercial de símbolos sin un correlato material, cuestiona seriamente los métodos de estimación del indicador agregado de producción y convierte la medida de la producción en un gran desafío.

Por esta razón, resulta más prudente suponer que es imposible resumir el estado de una economía en un sólo indicador y, en vez de este supuesto, postular que éste no es un fenómeno directamente observable. Así, es preferible aproximarse al problema con un paradigma multidimensional, estudiando el fenómeno desde diferentes perspectivas: la de la producción, la demanda y el empleo; ya que es inusual que se registre una simpatía perfecta en los movimientos de estas variables.

Razonando de esta manera, nos esforzamos en diseñar un sistema similar para seguir la marcha del ciclo económico en el Perú y así conocer sus principales propiedades. Luego de examinar las estadísticas disponibles en el Perú, evaluar su probable calidad y probable disponibilidad, construimos un indicador compuesto por cuatro series: producción industrial, que contiene manufactura, minería y energía eléctrica, y agua potable; empleo de empresas de cien a más trabajadores en Lima Metropolitana, volumen de comercio; y variación de las ventas gravadas de la SUNAT. Estas son agregadas en un indicador único mediante una suma ponderada, en la cual se otorga a cada serie un peso inversamente proporcional a su variabilidad.





En el gráfico , hemos representado  el  resultado  de este procedimiento. En azul, podemos leer los valores  ajustados por estación; en rojo, la tendencia de mediano plazo. 



Según este indicador, la depresión se inició en Julio del 2008 y finalizó en Junio del 2009, es decir, la depresión tuvo una duración de 11 meses. En este lapso, el índice de actividad económica registró un descenso de 7,3 por ciento. Aunque la economía ya se en proceso de recuperación y el crecimiento acumulado hasta febrero ha sido 4,2 por ciento, todavía no ha recuperado el nivel de producción previo a la crisis.

¿No resulta prematuro y hasta paradójico, hablar de   su probable sobrecalentamiento?  Aunque no podemos contestar esta interesante pregunta, nos gustaría indicar que pensamos que la respuesta a esta pregunta es un sí. 






2021

lunes, 18 de enero de 2010

Bruno Seminario





Modificaciones sustanciales experimentará la economía mundial en este siglo nuevo, lo mismo ocurrirá en América Latina , y, por ende en el Perú. Las nuevas determinaciones ya comenzaron a operar; por esta razón, es natural que haya desconcierto y confusión. Después de todo, ¿quién puede conocer los arcanos del tiempo, reconocer todas las cosas que serán disminuidas , y, lo trivial que puede convertirse en relevante? Aunque banales han resultado todos los intentos por adivinar el porvenir, no por ello, cesa este misterioso empeño. Quizás, porque las insólitas destrezas que requiere el arte satisfacen poderosas fuerzas psicológicas. A pocos les importa la exactitud cuando se busca atenuar el desasosiego.

Hago estos comentarios, porque en este breve artículo, me gustaría discutir cual puede ser el curso de la economía peruana, en los próximos diez años y estimar sus dimensiones en el 2021, la fecha del bicentenario del Perú republicano

Podemos empezar explicando la sutil diferencia que existe entre un pronóstico y una escenario, pues ésta es relevante para entender el sentido del ejercicio que vamos a presentar. Un pronóstico tiene cierta pretensión de exactitud e puede ser juzgado por su eficacia para consumarla, mientras ésta es inexistente en el caso de un escenario. Cuando se elabora un escenario, lo que buscamos es una herramienta cuantitativa que nos permita juzgar y evaluar nuestro desempeño comparativo frente a un patrón que sintetice el efecto de las principales fuerzas cualitativas que intervienen en el escenario.











Que ambos conceptos pueden confundirse con facilidad, lo demuestra cómo son interpretados , en el Perú, los guarismos que contiene el Marco Multianual del MEF o el Reporte de Inflación del Banco Central. Estos documentos se limitan a expresar cuantitativamente el resultado probable de las políticas públicas, y, por esta razón, tampoco persiguen la exactitud característica de los pronósticos sino construir una herramienta para mesurar la eficiencia de la política económica. Así, cuando el ministro Carranza, anunció a principios del año pasado, que el ¨Perú crecería en el 2009 cinco por ciento, no ha sido si no, revelar la confianza que tenía en su política. Como el Perú, en el 2009, sólo crecerá 0,7 por ciento, la considerable discrepancia , lo único que demuestra es cuán poco factible era la política.

Como en la figura mostramos la trayectoria futura de las tasas de crecimiento de la economía peruana para el período 2009-2021, hay también el riesgo de creen que resumen un pronóstico cuando en realidad constituyen un escenario, pero uno construido tomandoen consideración las tendencias de largo plazo de la economía peruana y el impacto de los ciclos económicos, en otras palabras, resume el desempeño que la economía peruana tuvo en el pasado.


Si bien el espacio no nos permite explicar con detalle el método utilizado para construir este patrón ideal, podemos resumir los aspectos más relevante del mismo. Para empezar, el escenario contiene el efecto de las tres principales fuerzas que regirán la marcha futura de la economía mundial : el desplazamiento del poder económico y político hacia el continente Asiático, el impacto de la nueva demografía y las consecuencias del Cambio Climático. En segundo lugar, para estimar el impacto del ciclo económico ,hemos tomado en consideración, casi toda la información disponible en el siglo XX, y, por esta razón, hay una considerable precisión en la estimación de sus impactos.


Como puede apreciar el lector, sin estudia atentamente las cifras que representa la figura, el desempeño promedio de la economía peruana, sugiere la recuperación del Perú de la crisis puede proceder a un ritmo más lento que lo anticipado en los pronósticos oficiales. En efecto, la duración del ciclo de los negocios medida entre pico y pico, es de 10 años. Por esta razón, en el escenario se espera una nueva crisis para el 2019. También, la longitud del periodo de recuperación, dos años, es mayor a la observada en Estados Unidos. Por ello, es probable que la economía recupere un ritmo normal de desarrollo –tasas ente cuatro y cinco por ciento—sólo en el 2011 o el 2012, y, que asistamos a una nueva bonanza en el 2015 o 2016.


¿Cuáles serían el valor del pbi per cápita de materializarse esta trayectoria? Según la CEPAL, el tamaño de la economía peruana en el 2008 medido en dólares del año 2000 fue de 84, 362 millones de dólares y el pbi per cápita 2989 dólares; en el año del bicentenario el valor del PBI sería de 162,113 millones de dólares y el del pbi per cápita de 4995 millones de dólares. El crecimiento promedio del pbi en este lapso sería de 5,18 por ciento. De modo que el escenario en modo algo alguno es pesimista. En el 2021, el Perú exportaría al Mundo 30,261 millones de dólares del 2000, en el 2008 la cifra reportada por la CEPAL fue de 16,155. Su tasa de crecimiento acumulada sería de 5,3 por ciento. A partir de estas variables es posible derivar la trayectoria de los principales indicadores sociales , el tamaño del sistema bancario, la tasa de crecimiento de las principales industrias , estimar el tráfico probable de los principales puertos, y, estimar el valor de la inversión directa extranjera.

¿Qué utilidad puede tener estos números? Son adecuados para estimar la rentabilidad de proyectos de inversión de largo plazo, como puertos, carreteras y otras obras de infraestructura. También pueden ser estimaos con mayor precisión el riesgo sistemático de los principales variables económicas , para determinar fechas adecuadas para iniciar proyectos de inversión . Sin embargo, deben ser utilizados con cierto cuidado s apara realizar proyecciones de corto plazo, pues este patrón ideal excluye el impacto de las fluctuaciones de corto plazo que provoca la política económica, el ciclo político, y, la dinámica de los inventarios.

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