Pobreza y Emigración

miércoles, 6 de julio de 2011


Los sonoros autobombos que sobre sus éxitos acostumbra emitir el gobierno, se desvanecen cuando uno observa la cantidad de ciudadanos que migraron al extranjero durante la presente gestión. Nada menos que 1’153.000 peruanos buscaron refugios más promisorios en otros países durante el quinquenio 2006-2010, casi el doble de los 580.000 que se fueron durante el periodo 2001-2005. Incluso, durante los cinco peores años de la hiperinflación y el terrorismo (1989-1993) emigraron “apenas” 290.000. De manera que algo no anduvo bien durante el presente régimen.


Por lo demás, como muchos de los que migraron son pobres o pobres extremos, las cifras sobre la reducción de la pobreza no se deben sólo a las políticas del gobierno y a los excelentes precios de nuestras exportaciones, sino también al sacrificio de los propios migrantes. Como es sabido el gobierno se atribuye la hazaña de haber reducido la pobreza en más de trece puntos porcentuales, del 44,5% en 2006 al 31,3% en 2010. ¿Cuánto de esa reducción se debe a los migrantes? Cifras del INEI nos permiten un cálculo aproximado, tanto del número de migrantes pobres que salieron, como tomando en cuenta el impacto económico que ejercieron las remisiones que reciben las familias de los peruanos que viven en el extranjero, que hoy en día rebasarían los tres millones (84.0% son personal no calificado).

¿Pobres que se fueron? Obviamente no todos los migrantes pertenecen a los estratos altos, en que los del ‘A’ representan el 13% y del ‘B’ un 13,5%, mientras que los del ‘C’ equivalen al 27,4%, del ‘D’ son 25,4% y del ‘E’ 20,7%. Consideramos que los pobres que migran provienen de los estratos ‘D’ y ‘E’, así como de la mitad del estrato ‘C’, con lo que todos los migrantes pobres representarían 59,8% del total de migrantes. ¿En cuánto contribuyeron a la reducción de la pobreza? De ahí que, del total de migrantes, 701.000 fueron pobres los que emigraron durante el quinquenio; es decir, el equivalente al 21,2% de la disminución total de pobres en ese periodo que fue de 3,3 millones. De manera que la mera disminución del número de residentes pobres en el país disminuyó la pobreza en 2,4 puntos porcentuales. En otras palabras, si no hubiesen migrado, en el año 2010 la pobreza no sería 31,3% sino 33,7%.

De otra parte, tomando en cuenta las divisas que enviaron a sus familiares (10,4% del total de hogares), tenemos otro factor que contribuyó notablemente a reducir la pobreza. Durante el quinquenio transcurrido llegaron US$ 11,200 millones por remisiones o un promedio anual de US$ 2,240’. Lo que permitió que una gran cantidad de pobres superaran la línea crítica, permitiéndoles gastar bastante más –así como a los no pobres- en alimentos, en educación y en salud, así como en la formación de MYPES. Lo que, por el efecto multiplicador, permitió incrementar la demanda efectiva en unos US$ 10.000 millones por año. Ese flujo, que equivale a un 9% promedio del PBI, contribuyó a incrementar la tasa de crecimiento económico anual en un cuarto de punto porcentual y, con ello, a reducir la pobreza en tres cuartos de punto. Lo que quiere decir que, sólo por este factor, la pobreza disminuyó en 3,1 puntos porcentuales en el quinquenio.

Sumando ambos factores tendríamos que, de no ser por la masiva emigración, la pobreza no habría disminuido de 44,5% a 31,3%, sino únicamente a 37%. Sin duda el tema aquí tratado es mucho más complejo que estas burdas sumas y restas realizadas sobre la base de datos y métodos muy endebles, pero los resultados son una buena primera aproximación a un tema que requiere más atención y, por eso mismo, más estudios empíricos.


Fuente de los datos (elaboración propia): Perú – Remesas y Desarrollo. Lima: INEI y OIM, diciembre 2010 (www.oimlima.org.pe/docs/remesas.pdf).

Humala en el catre de Procusto

miércoles, 8 de junio de 2011


Juergen Schuldt

Dicen que Procusto, hijo de Poseidón, vivía alejado del mundanal ruido en una colina. En su cabaña alojaba amablemente a los caminantes que no habían podido llegar a su destino, cogidos por la noche. Una vez que los había atendido a cuerpo de rey les ofrecía su camastro de hierro para dormir. Al primer ronquido del huésped se le acercaba y lo ataba, para luego ajustarlo al tamaño de la cama. Si era muy alto le serruchaba los pies o la cabeza para emparejarlo con el largo de la litera, y  si era muy pequeño lo estiraba a martillazos hasta que cupiera perfectamente en ella.

En la escuela nos burlábamos de esta absurda leyenda de la mitología griega y, encima, bombardeábamos con tizas al profesor que con tanta fascinación nos la contaba. Con el correr de los años, sin embargo, comenzamos a encontrarnos con tantos Procustos que deberíamos ir a pedirle disculpas a ese Gran Maestro, aunque ya esté descansando en el Divino Maestro. Por cierto que los economistas somos los más grandes maestros en la procustinación de cifras, hipótesis y supuestos para que encajen con nuestros modelos matemáticamente impecables.

Y desde ayer, conocidos los resultados de la segunda vuelta, han aparecido infinidad de Procustos, que también viven en las colinas (digamos que en Las Casuarinas) y que no parecen haberse resignado a los resultados. Pues ahora resulta que quienes no votaron por Humala se creen con derecho a decidir quién y cómo se debe manejar el país, particularmente la política económica. Acogen a Humala para atarlo a sus catres mentales para asegurar sus menudos intereses cortoplacistas.

Sin duda, “los mercados” (en castellano: los Nuevos Dueños del Perú como los llamaría Carlos Malpica) son conscientes de su poder de convencimiento (en español: capacidad de chantaje). Como ya lo mostraron antes de la primera y segunda vueltas según el ritmo de las encuestas, y ahora con una pequeña y contundente muestra el día de ayer. Con martillo y serrucho en mano, lanzaron una amenazadora advertencia, tumbando nuestra diminuta Bolsa, con nefastas consecuencias en el exterior, y amasando dólares, con lo que generaron más temor en el interior. Sin duda un eficaz pre-aviso, a ver si el anti-sistema se acomoda correctamente a la peculiar litera para no tener que usar el hacha.

A renglón seguido,  el mismo día, volvieron a la carga proponiendo condiciones adicionales.  A través del lúcido Presidente de la CONFIEP,  hicieron saber que sería bueno que Carranza ocupe la cartera de Economía y que Julio Velarde siga en el BCR, como si el presidente electo fuese Keiko o PPK.

No nos sorprendería que la próxima “sugerencia” consista en proponer la eliminación de todo intento de reforma tributaria integral, en especial para que no se toquen las sobreganancias minero-hidrocarburíferas. Lo que sería una confirmación adicional que nuestra clase dominante aún no llega entender lo que es una clase dirigente. Porque, si uno otea  el conflictivo futuro que nos espera, el impuesto a esos “windfall profits” –por el que también abogaba Keiko- no es otra cosa que una contraprestación para lograr la paz social que tanto exigen los mineros en las regiones, lo que les rendirá mayores tasas de ganancia a mediano plazo. Puro y simple cálculo costo-beneficio y para que el Estado disponga de los fondos para modernizarse y contratar al personal que pueda materializar los programas sociales y de descentralización en serio.

Cual Procusto de antaño, conocido por su estatura ciclópea y fortaleza descomunal, los nuestros ya han venido intentando acostarlo en el lecho, no tanto para psicoanalizarlo, sino para sacarle las concesiones para crear “confianza”, supuestamente para relanzar las inversiones planeadas y generar los ansiados empleos, que ahora están congelados hasta que se satisfagan sus pretensiones. Duchos maestros del serrucho, ¿no les basta que ya convencieron al inquilino que debe respetar la democracia y la propiedad privada, que no puede cambiar la Constitución, que debe concertar y gobernar para todos, que no hay lugar para estatizaciones, entre otras demandas atendibles que ha aceptado el futuro mandatario hasta por escrito?

Por la espalda, sin embargo, traman de todo para acabar con la democracia que supuestamente es su bandera. La socavan subrepticiamente congelando o recortando sus inversiones, acumulando dólares y euros, vendiendo propiedades y acciones, gestionando pasajes y visas, circulando rumores venenosos, etc. 

Sin embargo, a nuestros Procustos criollos aún les queda buen tiempo para acabar con su cirugía plástica del mandatario. ¿Serán capaces de transformar al temible Cuco en un inofensivo Cucú hasta el 28 de julio? Si lo lograran, una vez más el autor de El Gatopardo tendrá razón: Todo consistirá en realizar cambios para que nada cambie, con lo que La Gran Transformación se convertiría en la Gran Desilusión.

Desde Ática, junio 7, 2011 (El autor no se responsabiliza por la traducción del griego realizada por Teseo)..

Humala y el Teorema de Thomas

miércoles, 18 de mayo de 2011

Escribe Juergen Schuldt


I

William Isaac Thomas (1863-1947), “decano de los sociólogos norteamericanos”, decía :

“Si los individuos definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias”

Problema de la psicología social que se refiere a las bien conocidas “profecías autocumplidas”.

Es lo que –en 1947- Robert K. Merton (1) bautizó como “Teorema de Thomas”, de cuyo libro extraeremos las citas y en el que expone
“los tipos de consecuencias imprevistas de una acción, una decisión o una creencia, la que produce la misma circunstancia que erróneamente se supone que existe” (p. 137), porque “(…) los hombres responden no solo a los rasgos objetivos de una situación, sino también, y a veces primordialmente, al sentido que la situación tiene para ellos. Y así que han atribuido algún sentido a la situación, su conducta consiguiente, y algunas de las consecuencias de esa conducta, son determinadas por el sentido atribuido” (p. 419).


Proceso que el autor ilustra con el sencillo ejemplo de un banco imaginario bastante real: el Last National Bank, del que corrían rumores que iba a quebrar en el pueblito de Millingville, donde se había establecido hace décadas. El dueño del banco, aunque jamás había oído hablar del Teorema de Thomas,

“sabía que, a pesar de la liquidez relativa de las partidas del banco, un rumor de insolvencia, una vez creído por un número suficiente de depositantes, daría por resultado la insolvencia del banco. Y al terminar el Miércoles Negro –y el aún Más Negro Jueves-, en que largas filas de inquietos depositantes, cada uno de los cuales trataba frenéticamente de salvar lo suyo, se prolongaron en filas aún mayores de depositantes aún más inquietos, resultó cierta la insolvencia” (p. 420; n.s.).
De manera que
“La parábola nos dice que las definiciones públicas de una situación (profecías o predicciones) llegan a ser parte integrante de la situación y, en consecuencia, afectan a los acontecimientos posteriores. Esto es peculiar a los negocios humanos. No se encuentra en el mundo de la naturaleza, ni tocado por manos humanas. Las predicciones del regreso del cometa de Halley no influyen en su órbita. Pero el rumor de insolvencia del banco de Millingville afectó al resultado real. La profecía de la quiebra llevó a su cumplimiento” (pp. 420s.).
El mismo fenómeno es válido para el 
“caso de la neurosis de exámenes. Convencido de que está destinado a fracasar, el angustiado estudiante dedica más tiempo a lamentarse que a estudiar, y después hace un mal examen. La ansiedad inicialmente falaz se convierte en un miedo por completo justificado” (p. 421).



II


Aplicando esa “teoría” a la actual coyuntura político-electoral peruana, podría afirmarse que es ese un peligro potencial en el caso que Humala acceda al poder. La mayoría cree que hará lo que supuestamente dice su Programa de Gobierno y sus ajustes posteriores, que pocos han leído, pero que son interpretados interesadamente para mal o peor por los medios masivos de comunicación adictos a la simpática Keiko.

Sin mucha base, pero con mucho ruido, los representantes de los grupos de poder y demás prosélitos de Fujimori van convenciéndonos –machacando el mensaje a diario- que perderemos todo lo que tenemos y hasta lo que no tenemos. Chillando o baylyando dicen que cuando llegue al poder, entre otros espantos, nos quitará lo que hemos ahorrado en las AFP, nos subirá todos los impuestos, volverá la hiperinflación, expropiará los medios de comunicación, estatizará las empresas minero-hidrocarburíferas, hará llover sapos y se comerá a los niños.

Como es natural, los convencidos creyentes –la mayoría de los cuales no tienen nada que perder, como la propia clase media empobrecida- frenan sus inversiones y consumos, venden sus acciones y mansiones, gestionan visas y pasaportes, compran dólares y maletas. Lo que ya está sucediendo y se agravará cuando el Cuco llegue a Palacio.

De manera que, en esas circunstancias, habrá que tenerle más miedo a los que más miedo tienen, porque esos temores desatan temblores. A lo que tienen todo el derecho: Nadie les impedirá que se disparen a sus propios pies. En poco tiempo lograrán convertir un gobierno tímidamente centroizquierdista, que es lo que el país necesita y lo que las condiciones sociopolíticas apenas permiten, en uno de innato corte autoritariamente populista, que es lo que buena parte del país “pronosticaría” certeramente (expost facto) como consecuencia de sus temores infundados.  


Porque, en efecto,




“La profecía que se cumple a sí misma es, en el origen, una definición falsa de la situación que suscita una conducta nueva, la cual convierte en verdadero el concepto originariamente falso. La especiosa validez de la profecía que se cumple a sí misma perpetúa el reinado del error, pues el profeta citará el curso real de los acontecimientos como prueba de que tenía razón desde el principio. (…). Tales son las perversidades de la lógica social” (p. 421)


Sin duda los que creen en una caída al precipicio tendrán razón si se comportan consecuentemente. 




III


Pero tampoco tenemos que exagerar y ser tan pesimistas, porque Merton bien nos advierte que
“La aplicación del teorema de Thomas sugiere también cómo puede romperse el trágico, y con frecuencia vicioso, círculo de las profecías que se cumplen a sí mismas. La definición inicial que puso el círculo en marcha debe ser abandonada. Sólo cuando se pone en duda el supuesto originario y se formula una nueva definición de la situación, da el mentís al supuesto la corriente ulterior de acontecimientos. Sólo entonces la creencia deja de engendrar a la realidad” (422).
Más aún, continúa el autor:
“¿Continuará indefinidamente esta desoladora tragicomedia, señalada sólo por cambios en el cliché? No necesariamente. (…). “Hay muchos indicios de que puede ponerse un fin deliberado y planeado al funcionamiento de la profecía que se cumple a sí misma y al círculo vicioso de la sociedad” (432).
A ese efecto el autor da un ejemplo de su tierra (EEUU), al señalar que,
“en los doce años que siguieron a la creación de la Federal Deposit Insurance Corporation y a la promulgación de otra legislación bancaria, mientras presidió Roosevelt la depresión y el restablecimiento democrático, el receso y el auge, las suspensiones de bancos bajaron y (…) millones de depositantes no tuvieron ya motivo para dar lugar a carreras hacia los bancos motivadas por el pánico, simplemente porque un cambio institucional deliberado había eliminado las causas del pánico” (p. 432).
En conclusión, clama Merton:
“Estos cambios, y otros del mismo género, no ocurren automáticamente. La profecía que se cumple a sí misma, por la cual los temores se traducen en realidades, funciona sólo en ausencia de controles institucionales deliberados. Y únicamente rechazando el fatalismo social implícito en la idea de que la naturaleza humana es inmodificable puede romperse el círculo trágico de miedo, desastre social y miedo reforzado” (p. 433).
Desafortunadamente, en un país como el nuestro, todos sabemos que las instituciones que se requerirían para ello no existen, tales como partidos políticos sólidos, un sistema judicial adecuado o esquemas formales de concertación sociopolítica.

Mucho más inteligente fue el presidente de la CONFIEP, quien declarara –aunque nadie le crea y las evidencias recientes no lo respalden (2)- que
“Nosotros los empresarios tendremos que seguir invirtiendo en el país, de todas maneras, es nuestra obligación. Los gobiernos pasan, han pasado varias gestiones negativas como la de Juan Velasco y otros, pero igual nosotros nos quedamos” (3).
Aunque del dicho al hecho se abre un enorme trecho (incluso antes de la segunda vuelta del 5 de junio), habrá que tomar en serio esta declaración del dirigente gremial. Porque “seguir invirtiendo en el país” significará estabilidad económica, con lo que el gobierno no tendrá que desesperarse por “compensar” la desconfianza y la falta de inversiones con dineros recogidos de las Reservas Internacionales, de las AFP, de impuestos leoninos o de nuestras cajas fuertes. Si los “espíritus animales” de los agentes económicos persisten en sus planes del año pasado tampoco habrá tentación alguna para cambiar la Constitución, despedir al Congreso, quitarle independencia a la SBS o al BCR, cerrar ciertos diarios, estatizar la banca o la mineras, entre otros horrores.



IV


Con lo que llegamos al punto que nos interesa resaltar y a la ingenua propuesta que proponemos sugerir. Como es sabido, a los candidatos a la Presidencia se les ha pedido que firmen firmemente un Acta-Ancla en el que se comprometen a respetar la propiedad privada, la libertad de prensa, la de reunión y demás fundamentos de la Democracia. Por más formal que pueda parecer este acto, ciertamente vale la pena intentarlo, aunque quizás solo le sirva a los historiadores de fin de siglo.

Pero algo parecido a los candidatos deberían hacer –por iniciativa propia- los gremios empresariales, que son los que finalmente tienen la sartén por el mango en una economía capitalista de mercado, por más criolla y enclenque que ella sea. Quizás no tengan conciencia que la huelga de inversiones que se desataría –hasta ahora apenas han ensayado una pichangita amenazadora- no tardaría en transformar el cerebro del gobierno en una variedad de delírium trémens, ya no por el síndrome de abstinencia del alcohol, sino por la ausencia de recursos para realizar sus programas sociales y de fomento del crecimiento económico y de la redistribución de sus frutos. Cuántos gobiernos se han vuelto lo que no querían ser por acción del empresariado, que tampoco imaginaba que su comportamiento iba a convertir en realidad sus peores pronósticos.

En breve y para ser consecuentes, los líderes del país, deberían sugerirle a los gremios empresariales que firmen un manifiesto (nada cuesta soñar) confirmando ex profeso que también respetarán la democracia y para lo que se comprometerán a adoptar las decisiones económicas que tenían previstas –digamos que las de hace un año- para que no nos deslicen al abismo económico. Desde ya están jugando con fuego y así lo consignan las encuestas de Ipsos-Apoyo, cuando nos hacen saber que las empresas hace seis meses iban a incrementar sus inversiones en 55% y que ahora sólo lo harán en 10%, y que emplearían 60% más de personal pero que -¿será por la “amenaza antisistema”?- sólo lo harían en 20%. Lo que confirmaron, tanto el presidente del BCR, quien en marzo estimaba que la inversión privada iba a crecer en 15% este año y ya prevé una caída, como el ministro de Economía, al señalar que “unos US$ 6.000 millones de inversión privada se han paralizado a la fecha por el proceso electoral” (4). Que los pequeños y medianos empresarios y ahorristas disminuyan sus diminutas inversiones o retiren sus limitados ahorros no tendría mayor efecto si tenemos en cuenta la extremamente insultante pobreza y la desigual distribución del ingreso y, sobre todo, de la riqueza (activos) con la que tropezamos a diario.


Por supuesto que lo ideal sería, como comentaba un analista financiero perspicaz:

Ahora, quizás gane el Sr. Humala y se convierta en un liberal (…), ponga de ministro de economía a PPK, abra más el mercado, privatice Petroperú, reduzca el tamaño del Estado, baje los impuestos para incentivar la inversión y el país crezca 10% al año por cinco años.  Si es así, el mercado volará (...). Y si es así, yo seré el primero en aplaudir al señor Humala” (5).



Y tiene toda la razón, los resultados de las elecciones y la democracia como tal son respetados si y solo si respetan mis derechos de empresario. En esas condiciones, lo que llaman “el mercado” (lo que piensan los inversionistas) es el que manda, con lo que el mercado político (lo que piensan los ciudadanos) termina siendo un engañabobos.


Porque realizando una huelga empresarial, que tiene bastantes más efectos colaterales que cerrar una carretera o un puerto y que tanto molesta a “el mercado”, demolerían indirectamente la democracia, por una simple reacción desatada por esas acciones que terminan aplastando al gobierno en la estrechez económica. De paso, el gran empresariado podría añadir que apoyará todos los programas de inclusión social, moral y materialmente. Finalmente, también podrían incorporar en ese documento a esos miopes medios de comunicación que son los que divulgan rumores que finalmente llevan (como ya lo están haciendo) a confirmar sus malintencionadas y bieninteresadas profecías.


En fin, entrando a esta potencialmente poco auspiciosa segunda década del siglo XXI, ¿será posible que, por una vez, en este país se pueda asegurar que el próximo gobierno evite el piélago político como consecuencia del despeñadero económico que generarían los miedos apresurados que vienen extendiendo abierta y desvergonzadamente ciertos políticos, empresarios, editorialistas, analistas y mercenarios que han olvidado las lecciones de la historia?
______________________
(1) Robert K. Merton. Teoría y Estructura Sociales. México: Fondo de Cultura Económica, 1964 (original en inglés de 1949; edición revisada  aumentada de 1957, que corresponde a la traducción castellana). Todas las citas corresponden al Capítulo XI: “La Profecía que se cumple a sí misma”; pp. 419-434.
(2) Véase a ese respecto el interesante artículo de Diego Macera, “Rebuscando en la bolsa”, publicado en Semana Económica, no. 1268, abril 17, 2011; pp. 4-5.
(3) Semana Económica’, Mayo 3, 2011; la negrita es de la revista. Véanse también las declaraciones de Walter Bayly, gerente del BCP: “Plan de Humala no representa un problema para el sistema bancario”, en La República, mayo 11, 2011; p. 13.

(4) Perú.21, mayo 12, 2011; p. 10.

(5) Ver: "Dicen que el mercado se comporta como manada... ¡qué rico gallo!", mayo 11, 2011; en: http://blogs.semanaeconomica.com/blogs/viva-la-bolsa

Friedrich List: economía nacional de mercado e industrialización

jueves, 28 de abril de 2011

 

Juergen Schuldt

A la luz de los debates actuales en torno a la “Economía Nacional de Mercado” en el Perú, aprovecho la oportunidad de introducirlos al pensamiento de uno de los economistas que plantearon algunos de los aspectos cruciales de ese “modelo” hace exactamente 170 años (1).

***

La experiencia y reflexiones de un economista alemán de la primera mitad del siglo pasado es muy ilustrativa sobre  algunos de los requerimientos teóricos y de política necesarios para remontar el "subdesarrollo". Esa era precisamente la preocupación de este autor en vista al retraso y "dependencia" (término éste que usó List entonces) de Alemania respecto a Gran Bretaña. Sus marcos teóricos y propuestas de política, que expondremos a continuación, nos servirán para aprender del pasado, sin que por ello nos esperancemos en su transposición mecánica al presente.

La principal obra de Federico List (1841) se puede trabajar básicamente como una crítica y una propuesta alternativa a la de los economistas clásicos entonces dominantes (2); sobre todo en torno al libre comercio internacional y a la doctrina de las ventajas comparativas. Nadie como él, a contracorriente, se empeñó en cuestionar -aunque básicamente por razones políticas- la teoría de las ventajas comparativas y las políticas de librecambio.

Como punto de partida, cuestionó la visión "cosmopolita" de esos autores, quienes partían del comportamiento económico egoísta individual y de ahí saltaban a la noción de comercio libre a escala mundial, dejando de lado el estudio de las condiciones del desarrollo nacional:

"Llegó a ser evidente para mí que, entre dos países muy adelantados, la libre competencia no puede sino reportar ventajas a uno y a otro si ambos se encuentran en el mismo grado de educación industrial (...). En una palabra, distinguí entre la economía cosmopolita y la economía nacional" (1840: XXI).

De manera que List no cuestionaba en sí -y en el largo plazo- la teoría clásica del comercio internacional, sino únicamente para el caso de las naciones que no habían alcanzado aún el desarrollo interno necesario para sujetarse a la doctrina de las ventajas absolutas o comparativas del comercio internacional. Esta debía seguirse, en su concepto, únicamente a partir del momento en que una nación lograse alcanzar el desarrollo general y generalizado de la "educación industrial", lo que -en su época- no se aplicaba sino a Inglaterra (que se beneficiaba de la doctrina dominante, como lo demostró nuestro autor con una sutileza ejemplar), mientras los demás países (Alemania, Francia, EEUU) aún estaban "subdesarrolladas" respecto a aquella. De donde deduce que

"La misión de la economía política es llevar a cabo la educación económica de la nación y prepararla para entrar en la sociedad universal del porvenir” (p. 154), momento a partir del cual le "convienen" las lecciones de los economistas clásicos y, por tanto, la apertura al libre comercio internacional.

El otro eje del enfoque listiano radica en la noción de las Fuerzas Productivas, paradigma que contrapone a la doctrina clásica de los Valores de Cambio, distinción que puede iluminarse en sus propios términos:

"Las causas de la riqueza son cosa muy distinta de la riqueza misma. Un individuo puede poseer riquezas, es decir, valores de cambio; pero si no es capaz de producir más valores de los que consume, se empobrecerá. Un individuo puede ser pobre, pero si está en situación de producir más allá de su consumo, llegará a ser rico. (...). El poder de crear riqueza es, pues, infinitamente más importante que la riqueza misma; garantiza no solamente la posesión y acrecentamiento del bien ya adquirido, sino, además, el reemplazo de lo perdido. Si esto es cierto tratándose de personas privadas, lo es aún mucho más aplicado a las naciones, que no pueden vivir en rentas" (p. 123); donde salta a la vista el parangón con los conceptos de Amartya Sen.

En su libro principal señala los factores que potencian las "fuerzas productivas" de una nación (base del futuro desarrollo), tales como la educación y el capital intelectual, determinadas instituciones y circunstancias sociales, la capacidad de innovar y de adaptar tecnologías, la unidad nacional, el desarrollo integrado entre ramas económicas, entre otros. Más concretamente, el desarrollo de las fuerzas productivas, según List, estaría garantizado por tres factores centrales.

En primer lugar, señalaba que es esencial para toda nación, a fin de alcanzar su independencia, desarrollar independientemente su industria manufacturera, cuestionando la "especialización" productiva que sugerían los economistas clásicos. Luego de destacar la "desigualdad de género de vida y de educación de agricultores y manufactureros" (p. 170), que no percibían los clásicos, propugna la industrialización de los países, ya que la manufactura estimula el desarrollo de las ciencias, las artes, la política y los demás sectores económicos, en especial de la agricultura (que sola hace permanecer "una porción considerable de las fuerzas productivas y de los recursos naturales, ociosa e desempleada"), "populariza" las ciencias y las artes, etc.:

"Las manufacturas y las fábricas son las madres y las hijas de la libertad civil, de las luces, de las artes y las ciencias, del comercio interior y exterior, de la navegación y de los medios de transporte perfeccionados, de la civilización y de la potencia política. Son el medio principal de libertar la agricultura, de elevarla al rango de industria, de arte, de ciencia; de aumentar la renta de la tierra, los beneficios agrícolas y el salario y dar valor al suelo. La escuela (J.S.: se refiere a la Clásica) ha atribuido ese poder civilizador al comercio exterior; pero en este caso ha tomado al intermediario por causa" (p. 129).

Ligado a lo anterior, List era plenamente conciente de la diferencia cualitativa existente entre la producción de tela (un típico producto industrial) y la de vino (sujeto a la ley de rendimientos decrecientes) en el ejemplo usado por Ricardo para sustentar su modelo de dos países (Gran Bretaña y Portugal), en que el comercio libre llevaría a la especialización según los diferenciales de costo (a pesar de lo costos absolutos más bajos de Portugal) y, con ello, a la maximización de bienestar de ambos en conjunto.

En segundo lugar, reconocida la "superioridad" de la manufactura (respecto a los demás sectores económicos, como ya lo reconocía Adam Smith) y que las exportaciones apenas son un instrumento secundario para el desarrollo de las fuerzas productivas, sin embargo, List no propugnaba una especialización en esa dirección. Todo lo contrario, su propuesta iba hacia una "Asociación de las Fuerzas Productivas", con lo que se convierte en el antecedente más lejano y lúcido de la teoría moderna del "desarrollo equilibrado", cuando propugnaba la importancia que cada nación debía darle al desarrollo integral y homogéneo de sus fuerzas productivas (que, en nuestra terminología actual, sólo es parcialmente sinónimo de lo que llamamos sectores y ramas económicas:

"(...) la escuela desconoce en particular la importancia de un desarrollo paralelo de la agricultura, la industria manufacturera y el comercio, del poder político y de la riqueza nacional, y, sobre todo, de una industria manufacturera independiente y desarrollada en todas sus ramas. Comete el error de asimilar la industria manufacturera a la agricultura, y de hablar, en general, de trabajo, fuerzas naturales, capital, etcétera, sin considerar las diferencias que existen entre ellos" (p. 129).

Al efecto era plenamente conciente de la importancia que debían tener en esa dirección los encadenamientos hacia adelante y hacia atrás, en el consumo y fiscales, en la línea planteada por Albert O. Hirschman (1958).

En tercer lugar, a estas alturas el lector seguramente estará considerando -como lo han hecho apresurada y erróneamente varios autores- que List fue el antecesor inmediato, tanto de los facismos europeos, como de la escuela "cepalina" (o de sus intérpretes), en tanto otorgó contundentes argumentos a favor de una industrialización del tipo "sustitución de importaciones". Sin embargo, repasando el texto original, se observará inmediatamente que este autor siempre centró el énfasis en el desarrollo del mercado doméstico para las mayorías, es decir, la producción de artículos de primera necesidad, o como él las llamó: "industria de las masas" (p. 172), "productos fabricados ordinarios" (p. 254), "objetos de consumo general" (p. 167), "artículos ordinarios de uso común" (p. 321), más que de mercancías destinadas a los estratos de ingresos altos y medios. Ello es así porque estimó -correctamente- que sólo un mercado masivo de bienes básicos permite dinamizar y desarrollar las fuerzas productivas internas, a la vez que es alentado por la ampliación de éstas.

A partir de estos principios, largamente sustentados en el texto principal de List, presentando muchos casos extraídos de la experiencia histórica europea, concluye que los países requieren desconectarse selectivamente del comercio exterior, mientras no hayan desarrollado plenamente sus fuerzas productivas domésticas (pensaba entonces que Alemania requeriría de un siglo para alcanzarlo), ya que de lo contario todos los países se convertirían en colonias inglesas:

"Francia se repartiría con España y Portugal la misión de proporcionar al mundo inglés los mejores vinos, bebiendo ella los peores; (...). Alemania apenas tendría otra cosa que suministrar a este mundo inglés que juguetes para niños, relojes de madera, escritos filológicos y, a veces, un cuerpo auxiliar destinado a ir a consumirse a los desiertos de Asia y Africa para extender la supremacía manufacturera y comercial, la literatura y la lengua de Inglaterra. No transcurrirían muchos siglos en que en ese mundo inglés se hablase de los alemanes y de los franceses con tanto respeto como hablamos hoy día de los pueblos asiáticos" (p. 121).

A fin de evitar ese "mundo inglés", por tanto, era indispensable implantar un sistema de protección que permitiera la expansión del empleo, de las fuerzas productivas domésticas y del mercado internos, como paso previo a la libertad de comercio con otras nacionales. List justificaba así su propuesta central de política (otra de sus sugerencias nucleares incluía el desarrollo del sistema interno de transportes a través del establecimiento de una densa red de ferrocarriles):

"A fin de que la libertad de comercio pueda actuar naturalmente, es preciso, ante todo, que los pueblos menos adelantados sean elevados por medio de medidas artificiales al mismo grado de desarrollo a que Inglaterra ha llegado artificialmente" (p.122). Ningún país podía prosperar, según él, si no se decidía -como lo hizo Alemania en su época- a "asegurar, por medio de un sistema comercial fuerte y general, el mercado interior para su propia industria" (p. 107), instaurando un "sistema aduanero, considerado como medio de ayudar al desarrollo económico de la nación regulando su comercio exterior, debe tener como regla constante el principio de la educación industrial del país" (p. 16).

A ese efecto, no sólo propuso elevar sustancialmente los aranceles a los productos manufacturados y a algunas materias primas, sino que asimismo planteó la necesidad de potenciar tal política: con la modificación de la estructura tributaria del país; con la aplicación de una política expansiva de la demanda efectiva (del tipo "keynesiano", cien años antes de Keynes); y con la inversión masiva en vías de comunicación que estrecharan lazos al interior de la nación (más que con el resto del mundo). Sabiamente, estimaba que -para el desarrollo de una economía- la integración interna de la nación estaba antes de la integración al mercado mundial.

La teoría económica contemporánea, en cambio, ha recogido estas propuestas de List en forma recortada y deformada (con pocas excepciones, como la de Samuelson, quien reconoció sus méritos en un texto de 1960), encontrándose en los textos apenas como base del argumento de la "industria infante".

Es importante señalar que en la época de List las regiones al interior de la Nación que él propugnaba (hay que recordar que entonces Alemania se iría a constitutír sobre la base de 30 estados relativamente autónomos) ya habían desarrollado sus propias fuerzas productivas y habían fortalecido sus grados de "educación industrial", lo que les permitiría a su vez "abrirse" a un espacio mayor, el propiamente "nacional". Este es un aspecto importante para la propuesta de autocentramiento a plantearse más adelante, en especial respecto a la relación que debería existir entre los desarrollos de los espacios regionales y el de la Nación.

Pero List también era conciente de la lógica política que estaba a la base de la doctrina de los costos comparativos. Sabía que Inglaterra no sólo tenía interés en el comercio libre, sino que era una necesidad para ella, a fin de exportar sus excedentes de productos industriales a cambio de la importación de insumos o bienes finales agrícolas (sobre todo de cereales; ver Ricardo, 1816) para mantener los salarios relativamente estables (y reducidos). En cambio, durante el siglo XVII, previamente a la Revolución Industrial, Inglaterra no era muy propensa al comercio irrestricto a escala mundial (p.ej. prohibió la exportación de lanas para establecer su propia industria textil).

List terminó suicidándose en 1847, aparentemente cuando percibía que sus propuestas no tenían acogida y asidero en la realidad alemana de entonces. Paradójicamente, algunas décadas más tarde, los principios de política adelantados por él fueron aplicados casi al pie de la letra, a pesar de su "heterodoxia" en materia económica y de su "utopismo" en materia política (si bien tenía muy claras las alianzas políticas que era necesario establecer para materializar su proyecto).

Finalmente, en tiempos recientes han aparecido varios textos de autores que recogen las ideas principales de List, de los que son especialmente los de Eric Reinert, Dieter Sengahaas y Ha-Joon Chang (4). En el Perú, Santiago Roca es su más lúcido prosélito.

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NOTAS:

(1)   Este artículo ha sido elaborado en 1994, a excepción del último párrafo y estas notas.

(2)   Las citas corresponden a su obra maestra El Sistema Nacional de Economía Política. Madrid: Editorial Aguilar, 1955. El original en alemán es de 1941.

(3)   Sus cuestionamientos iban dirigidos principalmente a las teorías de Adam Smith y Jean Baptiste Say. Curiosamente no había leído a David Ricardo.

(4)   La lectura de los libros y ensayos de estos tres autores es absolutamente necesaria para cualquier estudiante o estudioso de Economía (y que, por lo demás, son accesibles a toda persona alfabeta mayor de 15 años). Véanse, especialmente, los siguientes textos:

-Eric Reinert, La Globalización de la Pobreza. Como se enriquecieron los países ricos… y porqué los países pobres siguen siendo pobres. Barcelona: Ed. Crítica, 2007.

-Dieter Senghaas, Aprender de Europa. Consideraciones sobre la historia del desarrollo. Barcelona/Caracas: Editorial Alfa, 1985 (original en alemán: 1982).

-Ha-Joon Chang, Kicking Away the Ladder: Development Strategy in Historical Perspective. Anthem; 2002 (me parece que hay una edición en castellano).











Entre Escila y Caribdis

miércoles, 27 de abril de 2011

Humala entre Escila y Caribdis                                        l
Jurgen Schuldt / Universidad del Pacífico                           


La mutua indispensabilidad entre el gran capital extractivo extranjero y los gobiernos “nacionalistas” del subcontinente es evidente, pero debe mantenerse dentro de rangos bien delimitados. Que se trata de un equilibrio delicado lo demuestra la extraordinaria conversación que en Madrid sostuvieran Hugo Chávez y el presidente de Repsol (setiembre del 2009).  Éste le confiesa al líder del Socialismo del siglo XXI que “Nosotros estamos muy cómodos y siempre con muy buena relación con el gobierno, con PDVSA y con el Ministro”, a lo que el  bolivariano responde: “¿Te das cuenta? No somos, tan diablos, ¿eh?”, añadiéndole de refilón: “¿qué vamos a hacer con tanto gas?”, a lo que el español le respondió cachacientamente: “Alguna utilidad le encontraremos”.

La inevitabilidad del continuismo primario-exportador también la han descubierto nuestros vecinos más cercanos para cubrir sus inexplicablemente alicaídas arcas fiscales. Desde el proyecto de la Revolución Ciudadana, Rafael Correa se disparó contra sus crecientes opositores, confirmando aquellas preferencias: “Las comunidades no son las que protestan, sino un grupillo de terroristas. Los ambientalistas románticos y los izquierdistas infantiles quieren desestabilizar al gobierno" (diciembre 2007), porque “es un absurdo estar asentado sobre centenares de miles de millones de dólares y por romanticismos y novelerías decir no a la minería” (octubre 2008). Evo Morales, por su parte, marcaba la misma pauta contra quienes supuestamente querían “una Bolivia sin petróleo. Entonces, ¿de qué va a vivir Bolivia?” (octubre 2009).

De manera que, ni en esos países ni en el nuestro, existe posibilidad alguna para transitar del capitalismo al socialismo, como tampoco habrá cambio sustancial del modelo primario-exportador. Aunque a la larga (¿en unos veinte años?), sí podría constituirse el tan necesario mercado interno amplio, que nos cobije frente a los embates externos y nos asegure cierta paz social doméstica. Evidentemente tampoco se trata de cerrar todos los pozos gasíferos y las pozas mineras. Para eso está el Estado, quien deberá negociar adecuadamente las concesiones que se brinden a las empresas transnacionales (ETN), respetando los derechos de los pueblos y de la naturaleza.

Así que el comandante no debería despertar miedo alguno. Ese miedo debemos guardárnoslo para los que tienen miedo, que son los mismos que durante la campaña y en la CADE pasada se llenaron la boca con cocteles de inclusión social y que ahora vienen gestionando visas y preparando maletas para sus inversiones, ahorros, familias y mascotas. No parece que quieran construir una sólida democracia andina. ¿O será que estarán dispuestos los Nuevos Dueños del Perú, por una vez, a concertar, a cooperar y a compartir con el próximo gobierno para sentar las bases para ir estableciendo la igualdad de oportunidades?

El eje del muy completo y ambicioso plan de gobierno de Gana Perú propone reformar la económicamente fragmentada y socialmente excluyente sociedad, para convertirla paulatinamente en Nación. Para ese efecto, La Gran Transformación consistiría en la aplicación de una serie de políticas redistributivas y de generación de ingresos para financiar programas sociales masivos y establecer un amplio y diversificado mercado interno descentralizado. Como tal es un programa claramente socialdemócrata, con lo que –bien llevado- ocuparía la yerma centroizquierda que el APRA abandonó hace décadas.

Los principales candidatos para sufragar el sustancial financiamiento requerido serán -sin duda  y como debe ser- las grandes corporaciones de los sectores extractivos de nuestros recursos naturales no renovables. Por lo que habrán de incrementarse los impuestos a la renta para alimentar el canon y/o el que se aplicaría a las sobreganancias, así como las regalías para restituir el capital doméstico explotado.

En ese entendido, es evidente que la principal contradicción económico-política de este esquema dual de “desarrollo” radicará en la potencialmente conflictiva relación que pueda darse entre dos coaliciones. De un lado, actuarán las empresas transnacionales (ETN), a las que habrá que seguir ampliándoles cuidadosa y negociadamente las concesiones que son indispensables para financiar el proyecto político. Del otro lado del espectro, será indispensable cumplir con los desde siempre ignorados derechos e intereses de las poblaciones involucradas directa e indirectamente en esas explotaciones y de las que se encuentran en la base de la pirámide.

El desequilibrio distributivo y, consecuentemente, el choque de intereses, puede desatarse desde cualquiera de los dos bandos. Sea porque el gobierno otorgue excesivas concesiones a las ETN, con lo que amenazaría el desborde social, sea porque la proliferación de las movilizaciones sociales traben la expansión del capital extranjero extractivista, con lo que se ahogaría la economía.

Por lo que Humala tendrá que aprender a navegar con mucha precisión -como Ulises en su momento- en ese estrecho marítimo que discurre entre las rocas habitadas por Escila y Caribdis. Será ese el reto que tendrá que asumir el timonel: escabullir a cada una de esas voraces criaturas para constituir la Economía Nacional de Mercado. Es un esfuerzo que parecería la cuadratura del círculo, ya que deberá cuidar -negociando las condiciones pertinentes- a las gallinas de los huevos de oro para poder alimentar el proceso que permita establecer el indispensable equilibrio sociopolítico y el que debe darse entre un mercado doméstico amplio y una sólida base de exportaciones.

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Concursos de Belleza y Encuestas de opinión

martes, 8 de febrero de 2011

CONCURSOS DE BELLEZA Y ENCUESTAS DE OPINIÓN
Jurgen Schuldt La República (para el martes 8 de febrero, 2011)

En un célebre pasaje de su “Teoría General”, Keynes ironiza sobre la forma como la mayoría de inversionistas decide donde asignar su dinero para maximizar ganancias. Para ese efecto alude a “esos concursos de los periódicos en que los concursantes tienen que seleccionar las seis caras más bonitas entre un centenar de fotografías, ganando el premio aquel competidor cuya selección corresponda más aproximadamente al promedio de las preferencias de los competidores en conjunto, de tal manera que cada concursante ha de elegir, no los semblantes que él mismo considere más bonitos, sino los que crea que serán más del agrado de los demás concursantes, todos los cuales observan el problema desde el mismo punto de vista”.

Ajustando algo abusivamente la metáfora al caso de las elecciones del 10 de abril, observamos que ya no son 6 de las 100 fotos entre las que debemos elegir, sino apenas entre 3 de los 11 concursantes a la Presidencia. Este trío de “caras bonitas” es el que se desprende del veredicto ciudadano recogido por IMASEN, publicado por La República . No hay que olvidar que la mayoría se informa en los quioscos, observando las primeras planas de los diarios, lo que luego se multiplica boca a boca.

Y, en efecto, estaría decidido que el concurso de belleza para llegar a Palacio se dará entre el bloque continuista representado por Toledo-Castañeda-Fujimori. Si realizáramos una encuesta, se tendría que no menos del 80% dirá –si las elecciones fueran mañana- que votará por uno de ellos. En ese sentido, también nos comportamos como la mayoría de consumidores: Eligen únicamente las marcas de bienes que son preferidas por los demás, aún en contra de sus propias preferencias. Se trata de los “bienes ciempiés”, como los denominan los microeconomistas. La otra cara de la moneda de esta “externalidad” viene dada por el conocido efecto del “voto perdido”, ya que muy pocos poseen un voto tan duro como para elegir a uno de los de la cola.

Estos efectos vienen reforzados por el hecho que los medios de comunicación y las instituciones que realizan debates o entrevistas eligen a sus invitados casi exclusivamente entre los primeros de las encuestas. En pocas palabras, sin mala fe alguna, las encuestas de opinión sesgan las preferencias de los ciudadanos, para bien o para mal. Será por eso que en otros países algunos partidos políticos se compran la simpatía de ellas, distrayéndolas para que cometan algún error involuntario de digitación.

Pero no nos apuremos. Aún faltan dos meses para el magno evento. Entre tantos cantos de sirenas, garapullos, promesas divinas y destapes muy humanos, los resultados aún pueden cambiar bastante, a pesar del efecto ciempiés. Con lo que llegamos a un tercer factor, relacionado con el principio de la “carrera de caballos, parada de borricos”, que nos dice lo que dice y, además, que los candidatos que más avanzan en las encuestas que se publican en las dos últimas semanas -aunque vengan de muy atrás- son los que tienen muchas posibilidades de llegar a la segunda vuelta.

¿Eliminamos a las encuestadoras? Equivaldría a botar al niño con el baño, cuando la solución es bastante más compleja, por no decir utópica: se necesitan crear las condiciones para que todos los candidatos tengan igualdad de oportunidades, tales como equidad en los medios de comunicación, así como en los presupuestos con que cuentan. Y, sobre todo, habría que darle a los ciudadanos la posibilidad de enterarse que no están asistiendo -por más divertido que sea- a un vodevil y que necesitan esforzarse bastante más para conocer a los candidatos y sus programas, para que no se limiten a ver sus fotos -en paneles, pantallas o encuestas- antes de votar en estos burlescos concursos de belleza.


La Fiebre del Oro

lunes, 4 de octubre de 2010


Juergen Schuldt


Talleres y consultorios odontológicos y hasta morgues y crematorios vienen siendo asaltados últimamente en Europa, a la desesperada caza de piezas de oro. Lo que no debe sorprender en vista del extraordinario precio de US$ 1.300 que ha alcanzado en estos días la onza fina (= 31,1 gramos) de oro. Lo que equivale a un incremento nominal de casi  50% respecto a los US$ 880 que costaba  hace solo dos años y de 30% respecto a setiembre del año pasado cuando se cotizaba a US$ 995. Ciertamente que, en términos reales, aún no alcanza el récord de enero de1980, cuando la onza llegó a US$ 675 (Gráfico I).
GRÁFICO I: PRECIO DE LA ONZA DE ORO, ENERO 1975 – AGOSTO 2010

Y los que no roban, especulan. Lo que puede observarse en el gráfico (II) adjunto, que nos dice que en el segundo trimestre de este año los “inversionistas” han comprado 530 toneladas de oro, algo más de lo que lo hicieran los “productores” propiamente dichos de las ramas electrónica, joyera u odontológica. Lo que es un indicador más del hecho que la crisis norteamericana y de los países del Norte se extenderá bastante más de lo previsto.
GRÁFICO II:

A la falta de confianza en el dólar en todo el mundo, el oro se presenta como un refugio relativamente seguro, así como paralelamente el exuberante aumento –mayor al del oro- de la plata. La mayor demanda de oro proviene, por cierto, de las compras masivas de China, la que ha adquirido 150 toneladas del precioso metal en los doce meses que van hasta agosto 2010. En efecto, el gobierno chino viene alentando a sus ciudadanos a invertir en oro; y a las empresas extranjeras les va a permitir ofrecer monedas de oro en la bolsa de Shanghai. Nótese, de paso, que China es el principal productor mundial del mineral con 330 toneladas en 2009, a la que le siguen con 220 toneladas anuales, tanto Australia, como Sudáfrica.
En cambio, las principales corporaciones mineras son:
LAS PRINCIPALES EMPRESAS PRODUCTORAS DE ORO EN EL MUNDO (Millones de onzas producidas en 2009):
BARRICK GOLD………………………………………………………………….…………7,4
NEWMONT MINING……………………………………………………………6,5
ANGLOGOLD ASHANTI……………………………….…………..4,6
GOLD FIELDS……………………………………….…………3,8
NEWCREST MINING………………………………..2,9
KINROSS GOLD……………………………..…..2,5
GOLD CORP……………………………………2,4
HARMONY GOLD MINING…….…..1,4
KAZAKH GOLD…………………….….1,3
CÍA. MINAS BUENAVENTURA….1,3

Nótese, sin embargo, que cuatro de las empresas, que andaban en lugares menos prominentes, ocupan ahora uno de los diez lugares por la tendencia acelerada de fusiones que se ha dado este año, a saber: Polyus Gold es tomada por Kazakh Gold (volumen US$ 11.000 billones); Lihir Gold por Newcrest Mining (US$ 8.900 b.); Red Back por Kinross Gold (US$ 7.100 b.) y Andean Resources absorbida por GoldCorp (US$ 3.500b.).
Finalmente, llama la atención que -ante precios que se sabía que iban a subir fuertemente en los últimos años- las bóvedas del Banco Central de China (BCCH) apenas alberguen en oro un 1,6% de sus gigantescas reservas internacionales (de US$ 2.500 miles de millones), a diferencia del de EEUU, donde llegan al 73% y en el alemán al 68%. ¿Es de esperar que otro factor que presionará al alza el precio en los próximos meses y años sería precisamente la compra de oro por parte del BCCH? Ya que a estas alturas del próximo año la onza de oro estará –conservadoramente hablando- por encima de los US$ 1.450, seguramente será una buena “inversión”, en un contexto en que incluso hay quienes exageran al afirmar que hacia diciembre 2011 la onza llegará a US$ 2.011. Dicho sea de paso, el Banco Central del Perú ha mantenido  constante  su stock del mineral precioso en 1,1 millones de onzas, que al día de hoy representa algo más del 3% del valor de las RIN; las que ya han llegado a US$ 42.260 millones, que equivalen al  30% del PBI. 
FUENTES DE LOS DATOS Y GRÁFICOS: BLOOMBERG, KITKO, MINEWEB, UNICREDITRESEARCH, WIWO, WORLD GOLD COUNCIL.
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