Germán Alarco Tosoni
Investigador CENTRUM Católica
Las noticias periodísticas sobre la negociación
del impuesto a las sobreganancias mineras entre los empresarios del sector y el
gobierno tienen elementos positivos y otros que no lo son tanto. Es meritorio
que el sector empresarial este reconociendo la necesidad de una aportación
adicional al fisco, que las conversaciones se desarrollen en buenos términos y
al parecer mostrando avances relevantes. Sin embargo, es problemático que prime
el concepto de mantener la competitividad sobre el de rentabilidad, se
establezca un único concepto de regalías con base a utilidades operativas, se
pretenda replicar el régimen chileno y obtener desde el gobierno, según el
diario Gestión, sólo 2,000 millones de soles adicionales.
Las regalías e impuestos que se establecen
sobre la minería son tan sólo un elemento que explicaría su mayor o menor
competitividad internacional. Los factores fundamentales son la existencia del
mineral, su ley, las facilidades técnicas-operativas para su extracción, capacidad
del equipo, disponibilidad y costos de la mano de obra y en general los costos
y gastos por tonelada de concentrado o mineral extraído. Una mayor presión
tributaria en un país respecto de otro no implica necesariamente una pérdida de
competitividad. El mayor costo o gasto se puede compensar con otra ventaja
competitiva de la minería en el país.
No es conveniente establecer un único concepto
de regalías y el hacerlo sobre
utilidades operativas tiene bemoles. El sistema actual sobre las ventas
debería mantenerse para evitar complicaciones con relación a las
participaciones de los gobiernos regionales y locales. El recurso del subsuelo
corresponde a la Nación y sobre el cual se debe exigir un pago fijo básico.
Asimismo, para muchos analistas el régimen sobre utilidades establece
incentivos a crear sobrecostos de todo tipo y los somete a los riesgos de una
contabilidad creativa. El complemento sobre las utilidades operativas sería
aceptable si se establecen todos los candados regulatorios necesarios con
relación a depreciaciones, amortizaciones y otros costos. Sin embargo, aún podrían
darse fugas.
El régimen tributario chileno no debería ser nuestro
punto de referencia. En 2010 sus utilidades netas fueron equivalentes al 24.9% de
las ventas, respecto de un promedio peruano del 38.8%. La minería chilena es en
promedio menos rentable que la peruana y por eso se pagan relativamente menos impuestos.
En el Perú, con una recaudación fiscal de US$ 1,500 millones adicionales, la
rentabilidad se reduciría al 29%, y si es US$ 2,000 millones al 24%,
ligeramente superior al margen de Freeport o Newmont Mining a nivel mundial
(En: La Primera, 26/8/2011, p.13).