El Año de la Ruina

jueves, 8 de enero de 2009

Bruno Seminario

En el desgraciado año de 1930, el demonio de la ruina repletó todo el mundo conocido con su potente y perversa esencia. Si bien en un inicio pocos entendieron lo que ocurría, porque no es propio de los hombres prudentes imaginar grandes catástrofes n i contemplar como posibilidad el total colapso del orden, no por ello, esta propensión negar el caos, impidió el colapso de todo el sistema. Por esta razón, cuando éste finalmente se produce, llega turbador el desconcierto, luego la inmarcesible ansia; finalmente, inmensa melancolía, pero también es el momento para escribir graves lamentos, para hacer preguntas prohibidas, escuchar atrevidas historias y ensaya r cualquier posibilidad.

¿Cuándo perdió la naturaleza su proverbial fertilidad y se hizo tan estéril nuestro ingenio? ¿No eran, caso, feraces nuestros campos y abundantes nuestros mares? ¿Qué los hizo mutar en yermos fríos y los llenó de torcidas raíces, piedras filudas y tiesas rocas? Ya no llegan barcos a los puertos nave alguna; sobre los cielos de nuestras ciudades; aunque ya brilla el sol de medio día continuó escuchando el murmullo de los grillos y el extraño lenguaje de los pájaros. ¿Quién trajo al Mundo silencio tan abrumante? Así, preguntan, al finalizar ese sombrío año, quienes vieron, para siempre transformado su estilo de vida por la catástrofe, mientras empezaba a reconocer sus monumentales dimensiones; no recibían respuesta alguna, pero no cesaron en su afán.

Cuando finalizó el año, finalmente, llegaron las primeras explicaciones, pero no agradaron a las víctimas del desastre, porque señalaban que nada grave había ocurrido. Como todo el mundo sabe, quienes gobiernan al mundo son los últimos en reconocer los efectos de una crisis grave, estas respuestas que no intentan explicar sino justificar acciones, no fueron escuchadas. Luego, cuando el caos siguió extendiéndose, pudieron escuchar los hombres comunes explicaciones más imaginativas, pero también poco convincentes, porque eran parciales, se limitaban a señalar culpables, y, a describir el papel que habían tenido en la crisis determinadas conductas demasiado atrevidas. Aunque estas respuestas eran más razonables tampoco tranquilizaron los ánimos. Es difícil entender por qué algo que siempre ocurre y es, por ello es algo común, puede provocar de un momento a otro , un desastre de esa magnitud. Sin embargo, al finalizar el año, comenzaron a escucharse otras opiniones más atrevidas que contemplaban nuevas posibilidades, sugerían políticas nuevas y tenían como virtud fundamental señalar que lo había ocurrido no era culpa de nadie sino el colapso de todo un sistema. Entre tantas, destacaba las de John Maynard Keynes que las resumió en un ensayo titulado “The Great Slump of 1930”.

Si bien no puedo explicar, por razones de espacio, lo que decía Keynes en ese entonces, me gustaría recomendarle al lector su lectura, ya que puede encontrar con facilidad una copia del mismo en Internet. Lo hago porque su lectura nos permite apreciar la gran similitud que entre la catástrofe de 1930 y la coyuntura mundial actual.

¿Cuáles son estas similitudes? En primer lugar, cabe destacar la violencia y profundidad de la nueva depresión. En las tres principales economías del Mundo, Estados Unidos, Japón y Alemania, se han registrado, descensos abruptos en la demanda de bienes industriales y en los niveles de producción. En el mes de noviembre, por ejemplo, el índice de producción industrial del Japón descendió casi ocho por ciento, una tasa no registrada en ese país desde hace 55 años. En realidad, en ese país, esta noticia no hace sino confirmar la tendencia de los dos trimestres precedentes, en los que se produjo una contracción de la producción. En Alemania, se registra una tendencia esencialmente similar. En Estados Unidos, desde el IV trimestre del año pasado, desciende el empleo y a pesar de las agresivas políticas de estímulo no se han podido hasta ahora contener la caída en las ventas en general y el descenso acelerado de la producción. En las economías, más pequeñas de Asia y de Europa ocurren, incluso con más violencia, desarrollos similares.

En segundo lugar, hay una contracción en el valor del comercio mundial de todos los productos. Este fenómeno afecta en especial a las economías de Asia, ya que esta región del mundo el crecimiento de las exportaciones es absolutamente esencial para preservar el dinamismo económico. Por ejemplo, desde hace tres trimestres, el índice de producción global de la pequeña Ciudad-Estado de Singapur, exhibe tasas negativas de crecimiento. El descenso en las exportaciones ha provocado despidos masivos en la manufactura y un fuerte descenso en el consumo. El Banco Central de Singapur ha recibido un línea de crédito 30,000,000 millones de dólares del gobierno de los Estados Unidos , para tratar de cubrir las necesidades de liquidez en dólares de sus principales instituciones financieras. En Malasia, sin embargo, la situación e sauna más grave. Se esperaba que la tasa de crecimiento de esta economía descienda de 5, 4 por ciento en el 2008 a cero en el 2009.. La causas principales de la caída serían el descenso en los volúmenes exportaciones y el de las cotizaciones internacionales de sus exportaciones de productos primarios. En las zonas exportadoras chinas ocurren los mismos desarrollos. Se espera que en el 2009, la economía China registre un crecimiento de sólo cinco por ciento, pero este guarismo pronto puede ser revisado hacia abajo. En cualquier caso, distintos indicadores que miden la intensidad del tráfico comercial hacia las zonas exportadoras chinas registraron, en el III y IV trimestre del año en curso, una violenta contracción.

En tercer lugar, los precios de todos los productos primarios –metales, combustibles y alimentos – han descendido dramáticamente. Para algunos productos, el descenso es similar en magnitud al registrado en los años 30s. Cuando el precio del barril de llegó a 150 dólares, pocos imaginar que esta misma mercancía podía venderse a 45 dólares al finalizar el año. Pero, quizás, es más interesante conocer que el precio del cobre, el principal producto de exportación de Chile y el Perú, ha experimentado, en el mismo período un descenso de la misma magnitud. Como de Consecuencia de estos desarrollos, es probable que el valor de las exportaciones del Perú disminuya en 6,0000,000 millones de dólares, es decir, en una magnitud al valor exportado por nuestro país, en 1997. Según la CEPAL, los términos de intercambio del Perú y Chile podrían descender, en el 2009, casi 30 por ciento. Según este mismo organismo, la economía de Chile y el Perú, crecerían en el año 2009, cinco y dos por ciento, respectivamente. En el mismo informe, sin embargo, se advierte que estos pronósticos pueden ser demasiado optimistas, ya que la profundidad y duración de la crisis es aún incierta.

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Jorge Pareja dijo...

Estimado Bruno,
Por algo Keynes es muy recordado ahora en los ambientes académicos y en foros económicos.
Me pregunto; ¿Que opinaría el Dr. E. Fama acerca de su teoría de los mercados eficientes?
Después de la carta de los economístas de Chicago, contra las medidas de salvataje del congreso norteamericano, honestamente no se ha escuchado mayores ponencias al respecto.
Y que dicen nuestros académicos, dado que ahora muchos economistas para los empresarios, son una suerte de "hechiceros o Chamanes" que predicarán agoreramente el futuro incierto a los ojos de los profanos.
Y para colmo, los estadounidenses son sorprendidos por una inocente modalidad de estafa financiera,por 50.000 millones, este fraude fué ideado por Charles Ponzi en 1920 en Boston, con su famoso cupón postal (muchos años después Clae hace lo mismo en el Perú, pero de una magnitud minúscula frente a lo ocurrido en el 2008 en USA)

Gracias por el aporte recordatorio de esa gran crisis de los año 30.
Saludos
Jorge Pareja

Actualidad Económica del Perú

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