Crecimiento Cero

miércoles, 24 de agosto de 2011




Waldo Mendoza Bellido
Jefe del Departamento de Economía de la PUCP

La crisis rusa bajó nuestra tasa de crecimiento de 7 % en 1997 a -1 % en 1998. La crisis originada en los Estados Unidos la redujo de 10 % en 2008 a 1 % en 2009. La actual crisis internacional, que coincide con el descenso en el ritmo de crecimiento de nuestra economía, puede conducirnos al crecimiento cero si, como hasta ahora, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) se mantienen en calidad de observadores.

La desaceleración de la economía es nítida. La tasa de crecimiento del PBI ha descendido desde el 10 % registrado en enero a 5 % en junio último. La tasa de crecimiento de la manufactura no primaria ha caído de 15 a 4 %, y  en el sector construcción, de 16 a – 3 %. En términos desestacionalizados, el PBI de la manufactura no primaria ha caído en el segundo trimestre  y la construcción ya registra dos trimestres consecutivos de caída.

Este enfriamiento made in Perú es previo a la crisis externa y tiene como determinante principal la parada en seco de la inversión pública, cuya tasa de crecimiento pasó del 22 % registrado en el segundo semestre de 2010 a alrededor de -18 % en el primer semestre de este año.

La crisis externa puede empujarnos al crecimiento cero. El mejor escenario externo es de un enfriamiento de la economía mundial que haga caer el precio y el volumen de nuestras exportaciones. El peor escenario es que caiga un banco europeo importante y que este evento gatille una nueva crisis financiera mundial, lo que para nosotros implicaría una salida virulenta de capitales.

¿Cuál debiera ser la respuesta de política macroeconómica para evitar el crecimiento cero? Actuar, de inmediato, preventivamente.

En el caso del MEF la respuesta es obvia: hay que restablecer el ritmo de crecimiento de la inversión pública. Si ésta creciese por encima de 40 % en el segundo semestre de este año, podríamos recuperar el ritmo de crecimiento de la construcción y ayudar así a la economía. En el caso del BCRP, debe rebajarse inmediatamente la tasa de interés de referencia para dinamizar el crédito al sector privado.

La economía peruana tiene los salvavidas suficientes en el BCRP y en el MEF. Lo peor que nos puede pasar es que esos salvavidas permanezcan guardados.

Crisis Externa:La Hora del BCRP y el MEF

jueves, 11 de agosto de 2011



Waldo Mendoza Bellido
Jefe del Departamento de Economía de la PUCP

La nueva crisis que amenaza al mundo puede frenar nuestro crecimiento económico. Una gran lección de la última crisis es que la soberbia es una mala consejera. En octubre de 2008, en la clausura de la CADE, Alan García dijo “yo les garantizo un crecimiento económico de 6.5 %”. El Banco Central de Reserva (BCRP) y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) creyeron en ese mensaje, reaccionaron a destiempo, y ya sabemos lo que pasó.

En la década pasada, la crisis rusa redujo nuestro crecimiento de 7 %  en 1997, a -1 % en 1998. La primera crisis global de este siglo lo hizo caer de 10 % en 2008 a 1 % en 2009. Que no se repita.

Cualquiera sea su naturaleza, las crisis externas significan, en lo inmediato, una reducción del precio de nuestros minerales (con excepción del oro) y una salida de los capitales de corto plazo.

El menor precio de los minerales reduce la recaudación y eleva el tipo de cambio. La salida de capitales reduce la oferta crediticia, hace caer la bolsa de valores y también eleva el tipo de cambio. Estos factores enfrían a nuestra economía.

Es difícil,  a estas alturas, decir cuál será el tamaño de esta crisis. No puede descartarse, sin embargo, que puede ser tan o más grande que la de 2008-2009.

Primero, porque ahora habrían varios “epicentros,” en Europa, además de Estados Unidos. Segundo, porque los márgenes para hacer política fiscal y monetaria expansiva en el centro casi no existen. Tercero, en el afán de no ser degradados como Estados Unidos, muchos países europeos pondrán en marcha ajustes fiscales.

En nuestro país, la capacidad de responder es hoy mayor que en 2008, porque el BCRP tiene casi US $50 000 millones de reservas y el MEF cuenta con cerca de US $6 000 millones en el Fondo de Estabilización Fiscal.

En 2008, la crisis externa nos encontró en pleno auge económico; ahora nos encuentra en plena fase de desaceleración. El BCRP y el MEF deben empezar a hacer uso de estas fortalezas. El BCRP debe bajar la tasa de interés de referencia, y vender dólares para inyectarlos al sistema financiero y evitar un alza desmedida del tipo de cambio. En el caso del MEF, la inversión pública es la variable central de política, pero ojo con los cuellos de botella que impidieron su uso a tiempo en la crisis anterior.

Carta Abierta al Presidente Humala

jueves, 4 de agosto de 2011






Waldo Mendoza Bellido
Jefe del Departamento de Economía de la PUCP

Presidente, sus retos son más complejos que los que encontró Garcia en 2006. El García converso se presentó claramente como de derecha, por lo que su relación con Wall Street fue amorosa; la economía ya había alcanzado velocidad de crucero- 8 por ciento de crecimiento en julio de ese año-, y él no se había comprometido a grandes políticas contra la desigualdad. Usted, en cambio, con un programa de centro izquierda, tiene que lidiar con Wall Street, encuentra una economía al borde de la recesión y está obligado a cumplir con el electorado.

Las vacaciones de García

Dado el punto de partida, García pudo tomarse un descanso de 5 años sin hacer prácticamente nada. Su método consistió en replicar lo que había hecho Toledo. La política monetaria es la misma que nació en 2002; la política fiscal, salvo fallas humanas del ministro Benavides, es un calco de la de Toledo; los nuevos Tratados de Libre Comercio son simples adendas a los que ya se había hecho con los Estados Unidos.


García tuvo además muy buena suerte. Durante su gobierno, el precio mundial de las exportaciones se elevó en casi 60 por ciento. El crecimiento heredado de Toledo y los  altos precios de los minerales le permitieron a Garcia contar con más recursos fiscales que cualquier otro presidente. La recaudación subió en más S/. 35 000 millones en los últimos 5 años. Con estos recursos caídos del cielo, Garcia hizo un montón de obras que las mostró como prueba inobjetable de su éxito.

El tema de la confianza

Para no interrumpir el crecimiento económico, se dice que bastaría que usted genere “confianza” entre los agentes económicos. Dar confianza implica, en nuestro Wall Street cholo, que usted garantice que nada va a cambiar, que todo va a seguir igual.
La tesis de la confianza parece explicar el nombramiento de los titulares del Ministerio de Economia y Finanzas y del Banco Central de Reserva (BCRP), desde donde se decide el 90 por ciento de la política económica. Según usted, sin embargo, eso tiene remedio, pues usted es quien “pone la receta en el Gobierno”. Quiero creerle.

La amenaza de la recesión

Usted encontrará una economía amenazada por la recesión. Según los indicadores desestacionalizados del BCRP, los dos sectores que generan más empleo, la industria y la construcción, están en franca caída. El PBI de la manufactura no primaria ha descendido en el segundo trimestre de este año y el PBI del sector construcción, medido por el consumo interno de cemento, ha caído durante los dos primeros trimestres de este año

















Esta amenaza de recesión se presenta en un contexto muy especial. En primer lugar, la actual situación de la economía mundial es grave. En segundo lugar, según las encuestas recientes del BCRP, las expectativas del sector privado (sobre las ventas, la demanda, la contratación de mano de obra), lucen cada vez más deprimentes. Por último, el ritmo anual de crecimiento del crédito total al sector privado ha empezado a caer en junio, debido a la política monetaria restrictiva del BCRP.

La lucha contra la desigualdad

El camino para reducir la desigualdad es más o menos claro. Hay que elevar por lo menos en un par de puntos porcentuales la presión tributaria e inyectar parte de esos recursos allí donde se necesite. (Su Ministro Castilla ha anunciado que la presión tributaria de 2016 alcanzará el 20 por ciento del PBI. ¿Está hablando en serio?).


Existen sobradas razones para que el principal aporte de los dos puntos de presión tributaria venga de la minería. Existen sobradas razones también para hacer una reforma de la política social que actualmente está en manos de los que no tienen ni poder ni calificación. Hay que darle a la política social poder y calificación.


¿Quién está a cargo de la política social? Todos, o sea, nadie. ¿Quién podría encargarse? Me parece que el MEF.


Uno, porque en el MEF está la gente más calificada y estable. Dos, porque es el MEF quien asigna el presupuesto. Tres, en Chile, el SNIP y los programas sociales están concentrados en el MIDEPLAN, y funciona muy bien. Cuatro, el Presidente tendría un solo un interlocutor, el Ministro de Economía, a quien cortará el cuello si la política fracasa.


En términos prácticos, un Vice Ministerio en Asuntos Sociales sería suficiente para poner en práctica estas políticas. No tiene sentido crear un nuevo Ministerio, por costoso e innecesario. El costo de armar un nuevo ministerio puede tener 100 mejores usos alternativos

En resumen

Usted tiene el reto de corto plazo de recuperar el ritmo de crecimiento económico de los últimos años y, además, reducir la desigualdad. En estos días, deberá dictar las políticas apropiadas para alejar la amenaza de la recesión. No se le vaya a ocurrir aplicar la receta de un conjunto grande de despistados para quienes basta con restaurar la confianza.


Al mismo tiempo, la receta deberá contener las políticas que inauguren un estilo de gobierno en el que el candidato cumple, por primera vez en la historia contemporánea, con las promesas electorales.

Suerte, presidente.

Yo pongo la receta

viernes, 29 de julio de 2011




Waldo Mendoza Bellido
Jefe del Departamento de Economía de la PUCP

El presidente Humala encontrará una economía amenazada por la recesión. A pesar que esta amenaza se gestó cuando el actual Ministro de Economia, Luis Miguel Castilla, era el brazo derecho del cuestionado ex Ministro Benavides, le corresponderá a él la tarea central de alejar dicha amenaza. Según Humala, no hay  incoherencia en este nombramiento, pues es él quien “pone la receta en el Gobierno”.

Para saber qué pasa con la producción en tiempos normales,  comparamos el PBI de un mes de este año, con el PBI del mismo mes del año anterior. Según este indicador, nuestro ritmo de crecimiento ha bajado del 10 por ciento anual en enero, a 7 por ciento en mayo último. Nada llamativo. Parece una simple desaceleración.

Sin embargo, para ver el comportamiento más reciente del PBI, es mejor echar mano al PBI desestacionalizado. Este indicador permite comparar un mes o un trimestre con el mes o el trimestre anterior del mismo año.

Según los indicadores desestacionalizados del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), los dos sectores que generan más empleo, la industria y la construcción, están en franca caída. El PBI de la manufactura no primaria ha descendido en el segundo trimestre de este año y el PBI del sector construcción, medido por el consumo interno de cemento, ha caído durante los dos primeros trimestres de este año.

Esta amenaza de recesión se presenta en un contexto muy especial. En primer lugar, la actual situación de la economía internacional amenaza el crecimiento de nuestras exportaciones. En segundo lugar, según las encuestas recientes del BCRP, las expectativas del sector privado (sobre las ventas, la demanda, la contratación de mano de obra), lucen cada vez más deprimentes. Por último, el ritmo anual de crecimiento del crédito total al sector privado ha empezado a caer en junio, debido a la política monetaria restrictiva del BCRP.

El presidente deberá proponer hoy, 28 de julio, la receta apropiada para alejar la amenaza de la recesión. No se le vaya a ocurrir aplicar la receta de un conjunto grande de notables economistas despistados para quienes basta con restaurar la confianza. Al mismo tiempo, la receta deberá contener las políticas que inauguren un estilo de gobierno en el que el candidato cumple, por primera vez en la historia contemporánea, con las promesas electorales.

Humala versus García

jueves, 14 de julio de 2011




Waldo Mendoza Bellido
Jefe del Departamento de Economía de la PUCP

En términos de crecimiento, inflación y reducción de pobreza, los 5 años de García han sido muy buenos. Para alcanzar esos logros le bastó agarrar el impulso económico dejado por Toledo y calcar su política económica. Humala no puede darse el lujo de no hacer nada. Ha sido elegido para hacer lo que hizo García y, además, bajar el nivel actual de desigualdad.

Al gobierno de García se le recordará por la reducción de la pobreza y la explosión de obras públicas. La inversión pública de 2010 es la más alta de la historia, el doble del anterior pico alcanzado en 1982, y como porcentaje del PBI, es el doble del de hace 5 años.

Estos logros se deben al ritmo de crecimiento de los últimos años y a los altos precios de nuestros minerales. Cuando la economía crece, crece el empleo y el gasto social respaldado en una mayor recaudación, y baja así la pobreza. Cuando la economía crece, y los precios de los minerales son tan altos, la recaudación sube como espuma, y se pueden hacer todas las obras que el Presidente inaugura ahora diariamente.

Esta dinámica puede continuar sin mucho esfuerzo en los próximos años. Bastaría con generar “confianza” en el sector privado, garantizando que nada va a cambiar, que todo va a seguir igual. Este método puede ser eficaz incluso si se ratifica en su cargo al actual Ministro de Economía, quien ha mostrado serias limitaciones en el ejercicio de su cargo.

Pero Humala no puede darse el lujo de no hacer nada. Para responder a sus electores, él tiene que preservar el ritmo de crecimiento de los últimos años y, además, reducir la desigualdad.

El camino es más o menos claro. Hay que elevar en un par de puntos porcentuales la presión tributaria e inyectar parte de esos recursos (el resto puede ir a un fondo de estabilización) allí donde se necesite.

Existen sobradas razones para que el principal aporte de los dos puntos de presión tributaria venga de la minería. Existen sobradas razones también para hacer una reforma de la política social que actualmente está en manos de los que no tienen ni poder ni calificación. Hay que darle a la política social poder y calificación.

Si esta política funciona, se habrá sepultado la filosofía de la confianza que conduce a la mediocridad en política económica.

Recesión a lo Benavides

jueves, 30 de junio de 2011


Waldo Mendoza Bellido
Jefe del Departamento de Economía de la PUCP

Mientras el país se dirige a una recesión liderada por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el equipo económico de Humala está discutiendo temas menos trascendentales. No sería extraño que cuando se instalen en julio encuentren una economía con dos trimestres en recesión.

Según las cifras del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), el ritmo de crecimiento del PBI ha bajado del 10 por ciento anual de enero, a 7 por ciento en abril último. En el mismo periodo, la tasa de crecimiento de la manufactura no primaria ha pasado de 15 a 4.6, y el de la construcción de 16 a 0. Estas cifras, aunque preocupantes, sirven para evaluar la economía en tiempos normales. Con estas cifras, comparamos, por ejemplo, lo que pasó en abril de 2011 respecto a abril de 1010.

Sin embargo, cuando se cree que hay un cambio de tendencia, para pescar lo que está pasando en los últimos meses, es mejor mirar las cifras desestacionalizadas.

Según las cifras desestacionalizadas del BCRP, los sectores más importantes en cuanto a generación de empleos están en franca caída. En abril, el PBI de la manufactura no primaria es 0.5 por ciento menor que el de enero, y el de la construcción, medida por el consumo interno de cemento, 7 por ciento menor.

¿Quiénes son los culpables de esta parada en seco de la economía?

En primer lugar, el MEF. El ritmo de crecimiento de la inversión pública del Gobierno General (gobierno nacional, gobiernos regionales y gobiernos locales) pasó de 15 por ciento en el último trimestre de 2010, a - 16 por ciento en enero-abril de este año. En el mismo periodo, la inversión del gobierno nacional, de responsabilidad directa de Ismael Benavides, pasó de 21 por ciento a – 43 por ciento.

En segundo lugar, está la incertidumbre electoral asociada a la candidatura de de Humala, su polémico plan de gobierno inicial, magnificada por el MEF, los empresarios y los inversionistas, quienes apostaban por la candidatura de Fujimori. Según las encuestas del BCRP, las expectativas del sector privado (sobre la economía, las ventas, la demanda, la contratación de mano de obra) se han deteriorado ostensiblemente en los últimos tres meses.

En consecuencia, la tarea principal de Humala será la de resucitar el crecimiento del PBI. Como se sabe, salvo el crecimiento, todo es ilusión.

Entre Wall Street y Vilcashuaman

jueves, 16 de junio de 2011

ENTRE WALL STREET Y VILCASHUAMÁN
Waldo Mendoza Bellido
Jefe del Departamento de Economía de la PUCP

Humala tiene el reto de complacer a Wall Street y Vilcashuamán, simultáneamente. El primer reto es muy fácil de lograr, toma un par de días, como de hecho ya ocurrió. El segundo es el más importante y complicado.

Nuestro Wall Street cholo se tranquilizó al toque con unas cuantas señales presidenciales de que la sensatez primará en su administración. Atrás quedaron las propuestas de poner al mando del Banco Central de Reserva (BCR) y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) a profesionales competentes, pero que seguramente hubieran sido convocados por Keiko. En el colmo de la frivolidad y el desconocimiento de elementos básicos de la alternancia en el poder, un despistado propuso mantener en su cargo al actual titular del MEF. Despierten: Keiko ha perdido las elecciones.

Pasada la anécdota de la bolsa, el reto de Humala es muy alto. ¿Cómo hará para mantener el ritmo actual de crecimiento económico, el doble del de América Latina y, al mismo tiempo, bajar fuertemente la pobreza y la desigualdad?

De las políticas, la monetaria es la que menos preocupa. El BCR tiene un personal competente y si a la cabeza ponen al ideólogo del actual sistema de metas de inflación, el problema está resuelto.

La política fiscal debería migrar a un sistema de superávit primario, contra cíclico; la presión tributaria debe subir en un par de puntos por la mayor contribución minera, la elevación del impuesto predial y el combate en serio de la evasión; y para la mejorar la calidad del gasto hay que hacer una reingeniería del Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP) y avanzar con el sistema de presupuesto por resultados.

Sin embargo, entre todas las políticas, hoy, la social es la más importante. ¿Quién está a cargo de la política social? Todos, o sea, nadie. ¿Quién podría encargarse? Me parece que el MEF.

Uno, porque en el MEF está la gente más calificada y estable. Dos, porque es el MEF quien asigna el presupuesto. Tres, en Chile, el SNIP y los programas sociales están concentrados en el MIDEPLAN, y funciona muy bien. Cuatro, el Presidente tendría un solo un interlocutor, el Ministro de Economía, a quien cortará el cuello si la política fracasa.

Si el 28 de julio de 2016 Wall Street y Vilcashuamán lucen sonrientes, el Perú habrá dado un gran paso hacia el desarrollo.

Decencia y Sensatez

sábado, 4 de junio de 2011


Waldo Mendoza Bellido
Jefe del Departamento de Economía de la PUCP

Nunca tan importante una elección presidencial como la del domingo próximo. Como ciudadano, en el plano de la política, exijo al siguiente gobernante decencia, es decir, respeto por las instituciones, los derechos humanos, la libertad de prensa y una lucha abierta contra la corrupción. En el plano de la economía, demando sensatez, esto es, mantener las políticas que han probado ser eficaces y enfrentar desde el primer día el problema distributivo.

En el terreno de la decencia, la memoria debe ser nuestra aliada. Por dignidad, no podemos replicar, ni sentirnos orgullosos, con lo que pasó en la infame década de los noventa. El argumento de que hay que quedarnos con el “lado bueno” de Fujimori padre es lógicamente inválido. Todos, hasta los tiranos más temibles, tienen su lado bueno.

En el plano de la economía, hay que recordar que en los últimos 10 años nuestra tasa de crecimiento ha doblado a la de América Latina, y que hemos bajado la pobreza en más de 20 puntos. Es el milagro peruano que hay que custodiar, manteniendo el modelo neoliberal y el buen sistema de  políticas macroeconómicas vigentes.

Pero tenemos un gran pendiente. La distribución del ingreso sigue tan desigual como en 1975, cuando Webb y Figueroa nos mostraron que el Perú era uno de los más desiguales en el mundo. El coeficiente de Gini (uno significa absoluta desigualdad y cero igualdad total) está hoy cerca a 0.6, igual que en 1975.

Los correctivos que se hagan no pueden ser, entonces, cosméticos, como lo es la propuesta de inspirar “confianza” para atraer a las inversiones. Si esa fuera la política, bastaría con que se mantenga en el siguiente gobierno a Ismael Benavides como Ministro de Economía, quien aceptaría con gusto el encargo, y los inversionistas estarían felices.

Para mejorar la distribución del ingreso el gobierno debe elevar la presión tributaria, cobrando a los de arriba, para gastarlo bien en los de abajo. La minería es un excelente candidato. La teoría ortodoxa recomienda que la minería debe pagar mucho más impuestos que otros sectores porque explota un recurso no renovable, nuestro capital natural, que desaparece con el fin de la explotación minera, y que hay que reponer.

Con esta mezcla de decencia y un neoliberalismo con inclusión social, el Perú puede tener otra década milagrosa.

Los Tres Planes de Keiko y Humala

sábado, 21 de mayo de 2011


Waldo Mendoza Bellido
Jefe del Departamento de Economía de la PUCP

Casi todos los medios informan que Ollanta para cambiando de planes de gobierno, y que por eso no es confiable. Aunque Keiko ha hecho lo mismo, ella sí les inspira confianza. Mi impresión es que estos medios están sobredimensionando los giros de Ollanta y se han hecho los locos con los de Keiko. Sus razones tendrán.

En realidad, ambos tienen tres planes de gobierno. El plan oficial de Ollanta, La Gran Transformación. Plan de Gobierno 2011-2011, es un documento que parece una tesis, con un diagnóstico intelectualmente sólido, pero con prescripciones de política fatales. El de Keiko, Keiko Presidente. Plan de Gobierno 2011-2016, es intelectualmente chato, con un montón de objetivos y uno que otro instrumento. ¿No hay economistas en el equipo de Fuerza 2011?

Ollanta se puso posteriormente sensato, poco antes de la primera vuelta electoral, en su Compromiso con el pueblo peruano. Vamos con Ollanta. La expresión Economía Nacional de Mercado, que ni Ollanta llegó a entender, y la necesidad imperiosa de cambiar la constitución para llevar adelante las políticas nacionalistas quedaron, felizmente, abandonadas.

En el otro frente, hace un par de semanas, publicaron Keiko propone. Luchar contra la pobreza en libertad y democracia, repitiendo, esencialmente, las tesis de toda la vida de Hernando de Soto y el Instituto Libertad y democracia (ILD).

Hace unos días, Ollanta, con el concurso de sus nuevos jales, publicó Los lineamientos centrales de política económica y social para un gobierno de concertación nacional. Esta hoja de ruta está a millas de distancia del plan inicial de Ollanta. En mi lectura, en este documento, Ollanta se compromete a mantener el modelo de desarrollo vigente tal como está, pero  “incorporándole la inclusión social y efectuando una mejor distribución de la riqueza”.  Música celestial para mis oídos.

Keiko no se ha quedado atrás. No ha presentado todavía su tercer plan, pero va a tener que hacerlo, por la importancia de sus dos nuevas propuestas. En primer lugar, se ha allanado a la propuesta ollantista de gravar a las sobre ganancias mineras. En segundo lugar, se ha comprometido en crear el programa “Mi primera chamba”, que capacitará y dará chamba nada menos que a 200 000 jóvenes.
Solo habrá un cuarto plan. Lo veremos y lo sufriremos (gozaremos) después del 28 de julio.

El Milagro Peruano y la Desigualdad

lunes, 9 de mayo de 2011

“MILAGRO PERUANO” Y DESIGUALDAD
Waldo Mendoza Bellido
Jefe del Departamento de Economía de la PUCP

En los últimos 10 años, la economía peruana ha mostrado un comportamiento espectacular. La tasa de crecimiento del PBI ha sido el doble del promedio de América Latina, el PBI de hoy es el triple de hace 10 años, y la pobreza ha descendido en más de 15 puntos. Y todo esto, en medio de una inflación baja. Es el “milagro peruano”.
Pero el milagro peruano convive con una alta desigualdad. Y la desigualad, a la larga, puede liquidar el milagro peruano. Por eso, hay que reducirla.

El milagro peruano

Nuestra primera década del siglo XXI ha sido espectacular. En el periodo 2001-2009, según la CEPAL, la tasa de crecimiento acumulada del PBI en el Perú ha sido el doble de la tasa de América Latina. En dólares corrientes, el PBI de 2010 es dos veces el PBI de 2005 y tres veces el de 2000. El PBI real per cápita de 2010 es un tercio más alto que el de 2005, 55 por ciento mayor que el de 2000 y es casi el doble del de 1990.
Además, en el Perú se ha confirmado que el crecimiento económico generalizado y sostenido es suficiente para reducir la pobreza. La tasa de pobreza ha bajado desde el 49.8 por ciento alcanzada en 2001 a 34.8 por ciento en 2009.
Todo esto, en medio de una inflación promedio de 2 por ciento anual. Puede hablarse entonces, con justicia, del “Milagro Peruano”.

II  

La persistencia de la desigualdad

Pero el milagro peruano convive con una alta desigualdad. El crecimiento económico sostenido puede matar a la pobreza, pero puede mantener la desigualdad. Eso es lo que se observa en la economía peruana de hoy.
En el clásico estudio de Webb y Figueroa (1975), se encontró que a pesar del crecimiento generalizado que la economía peruana experimentó entre 1950 y 1966, la desigualdad se elevó, hasta alcanzar un coeficiente de Gini de 0.60 a finales de ese periodo[1].
Las cifras de Webb y Figueroa corrigen la cifra “original” del Gini que arrojan las encuestas de hogares. Son bien conocidos los problemas de la insuficiente y sesgada información que proporcionan las encuestas de hogares debido a que no captan los ingresos de los hogares más ricos. Por eso, el Gini original  no es una buena medida de la desigualdad. Por ejemplo, Yamada y Castro (2006) encuentran una visible inconsistencia en la evolución del Gini entre 1997 y 2004. Mientras el PBI per cápita en este periodo se mantuvo constante y la desigualdad se redujo (el Gini cae de 0.41 a 0.38), la pobreza se elevó.
El problema fundamental es que el consumo capturado por las encuestas de hogares no guarda correspondencia con el consumo obtenido de las cuentas nacionales. Para el 2004, por ejemplo, el consumo obtenido desde la ENAHO es  menos de dos tercios del consumo de las cuentas nacionales, básicamente porque los ricos no contestan a la ENAHO.
Yamada y Castro (2006) enfrentan este problema evaluando la diferencia entre el consumo agregado reportado en las encuestas de hogares y el correspondiente a las cuentas nacionales, corrigiendo hacia arriba el Gini, procurando reflejar el consumo de los hogares ricos. De esta manera, para el 2004, mientras el Gini  original es de 0.37, el corregido está en torno a 0.6. El resultado de Figueroa (2010) para el año 2003 es similar.
Escobal y Ponce (2010) siguen el procedimiento usado por Yamada y Castro (2006), para años más recientes. El Gini corregido de 2004 es el mismo de Yamada y Castro (2006) y para el 2009 registran un Gini corregido de 0.5,  versus un Gini original de 0.36
Por otro lado, según el Instituto Nacional de Estadísticas e Informática los ingresos laborales de los trabajadores del sector público y el sector privado no han seguido el ritmo de crecimiento del PBI per cápita. En el periodo 2002-2010, mientras el PBI per cápita en términos reales se elevó en 50 por ciento, el salario real del sector privado subió en solo 9 por ciento y los sueldos en el sector público se redujeron en 3 por ciento, tal como se muestra en el gráfico siguiente. Estas cifras sugieren que la fracción de los beneficios en el ingreso nacional debe haberse elevado y que el Perú de hoy sigue siendo un país muy desigual.


En resumen, el crecimiento económico se ha hecho cargo de la pobreza, y si se sostiene, puede desaparecerla, pero la desigualdad puede mantenerse. Y, a la larga, esa desigualdad puede matar al milagro peruano.

III
      Qué hacer

 ¿Qué se puede hacer para reducir el grado de desigualdad?
Una opción, a lo Chile, cuando retornó la democracia, es la política tributaria. A través de ella puede alterarse la distribución secundaria, o distribución del ingreso después de impuestos, a favor de los más pobres. Elevando la presión tributaria en dos o tres puntos porcentuales, y asignando los recursos obtenidos entre los más pobres, puede mejorarse la distribución del ingreso. El impuesto predial y el impuesto al sector de minería e hidrocarburos (SMH) son dos buenos ejemplos de política tributaria progresiva.
En el caso del SMH, Mendoza (2011) sustenta que el SMH debe tener un tratamiento tributario especial. El carácter no renovable de los recursos del SMH y la propiedad estatal de los mismos, justifican, por si solos, la aplicación de un impuesto (o una regalía), por encima de los impuestos que pagan todos los sectores, al margen de si existen o no ganancias extraordinarias en esta industria, para reponer el capital explotado y para pagar al estado por el derecho de explotar su propiedad. La existencia de renta, facilita la transferencia de ingresos desde el sector privado hacia el sector público, pero no es condición necesaria ni suficiente para la existencia de esos derechos del estado. El límite para estas medidas es la de no afectar significativamente nuestra competitividad internacional. Si ese fuera el caso, las medidas deben aplicarse gradualmente, hasta alcanzar el objetivo propuesto, en un plazo predefinido.
Con estas políticas, el SMH puede contribuir a disminuir las brechas de desigualdad y, al mismo tiempo, seguir siendo atractivo para la inversión privada, en el largo plazo, porque lo que se pierde por el cambio en el régimen impositivo, se gana por la mejora en el ambiente socio económico, tan importante para el desarrollo del SMH.
De esta manera, el milagro económico peruano,  con una contribución mayor al Estado por parte del SMH, y con el apropiado uso de eso recursos, puede sobrevivir por muchas décadas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Figueroa, A.
2010   Crecimiento versus calidad de vida, en Alarco (coordinador), Rutas hacia un Perú mejor. Qué hacer y cómo lograrlo, Centrum, Centro de Negocios, Aguilar, Lima.
Mendoza, W.
2011   La política impositiva aplicable al sector de minería e hidrocarburos: teoría, experiencias y propuestas de política para el Perú, CIES, Lima

Webb, R. y A. Figueroa
1975   Distribución del ingreso en el Perú. Instituto de Estudios Peruanos, Perú problema no 14, Lima.
Yamada, G. y J.F. Castro
2006   Poverty, inequality, and social policies in Peru: As poor as it gets. Documento de Discusión no 7, Centro de Investigaciones Universidad del Pacífico.
Escobal, J. y C. Ponce
2010   “Desigualdad Espacial en el Perú en las tres últimas décadas” Presentación en PowerPoint. Disponible en http://www.grade.org.pe/download/Presentacion_Javier_Escobal.pdf


[1] El coeficiente de Gini es una medida estándar de la desigualdad. Su valor fluctúa  entre cero (completa igualdad) y uno (completa desigualdad). Se calcula a partir de encuestas de hogares; en el caso peruano, a partir de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO).

La Manada está nerviosa

jueves, 5 de mayo de 2011

Waldo Mendoza
Algunos inversionistas están al borde de un ataque de nervios. Están comprando dólares, vendiendo acciones y han paralizado sus inversiones. Y justo en este contexto movido, a los genios de la Comisión de Economía del Congreso se les ocurrió elevar a un 50% el límite legal de inversiones en el exterior de las administradoras privadas de fondos de pensión (AFP), alimentando así la especulación.

El fenómeno observado es ampliamente conocido. Es el típico comportamiento de manada (heard behavior) de inversionistas despistados. Cuando la información es imperfecta, los inversionistas miran a su alrededor y toman la misma decisión que toman los de su entorno, aunque ese entorno esté equivocado.


En realidad, no existen razones para ponerse nerviosos. Si yo tuviera plata hoy, me dedicaría a vender dólares, a comprar acciones y de ninguna manera paralizaría mis inversiones.

Primero, porque el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) tiene actualmente casi 50 000 millones de reservas. En el 2008, cuando solo tenía 35000 millones, vendió sin problemas casi un tercio de sus reservas, y sofocó el ataque especulativo que trajo la crisis internacional.

Segundo, ¿alguna vez se ha aplicado en el Perú el plan del gobierno del candidato que llega a ser presidente? Nunca. Entonces, podemos ignorar el de Ollanta, La Gran Transformación. Plan de Gobierno 2011-2011, documento intelectualmente sólido, aunque el modelo de desarrollo que propone es inconsistente con las experiencias exitosas de desarrollo; y el de keiko, Keiko Presidente. Plan de Gobierno 2011-2016, documento intelectualmente chato con un montón de objetivos y uno que otro instrumento.

Tercero, el sentido común del eventual nuevo presidente (a) tendría que ponerse al nivel de los congresistas que aprobaron la norma de las AFP, para atreverse a cambiar radicalmente un sistema económico que ha funcionado aceptablemente bien. En los últimos 10 años, nuestra tasa de crecimiento ha sido el doble de América Latina, el PBI de hoy en dólares es el triple del hace 10 años y la pobreza ha descendido en más de 15 puntos. Y todo esto, en medio de una inflación baja.

El único tema pendiente importante y urgente es la desigualdad. Y para resolverla, basta la política fiscal.
¿Alguien podría prestarme plata para separarme de la manada, especular en la dirección contraria y hacerme millonario?

La Gran Transformación

jueves, 21 de abril de 2011


Waldo Mendoza Bellido

Formo parte de los que no votaron ni por Humala ni por Fujimori. No voté por Fujimori porque no deslindó con el gobierno de su padre, el más corrupto y antidemocrático de la historia peruana. No voté por Humala porque su plan de gobierno, el de las 200 páginas, me genera mil dudas. Para la segunda vuelta espero una “gran trasformación”, genuina, de ambos candidatos. Espero que Humala cambie su programa económico y que Fujimori deslinde con las atrocidades que cometió su papá.

Humala ha dado el primer paso, al convocar a economistas de primer nivel. Oscar Dancourt, ex Presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), fue el que diseñó el tránsito de la anticuada política de metas monetarias que tenía el BCRP en los noventa, al sistema moderno de metas explícitas de inflación. Luis Alberto Arias, ex jefe de la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT), es posiblemente el peruano que más conoce sobre política tributaria. Kurt Burneo, fue el Vice Ministro de Hacienda ortodoxo del gobierno de Toledo y en su gestión se emitieron los primeros bonos soberanos en nuevos soles.

Si el equipo ampliado de Humala se comprometiera solamente a mantener las políticas que han permitido el crecimiento alto y la inflación baja de los últimos 8 años, y hacer algo para bajar el vergonzoso grado de desigualdad que existe en nuestro país, yo me sentiría más tranquilo. En esa dirección, el equipo de Humala debiera archivar el concepto innecesario y confuso de Economia Nacional de Mercado, que ni su candidato entiende.

En la otra orilla, el reto es más complicado. Para la segunda vuelta tendrán que mostrar a personas que no hayan sido salpicadas por la corrupción y los atentados contra los derechos humanos del régimen de Fujimori padre.

En ambos casos, no hay que hacerse grandes ilusiones. Las ofertas electorales entusiasman, pero luego provocan grandes decepciones. Lo que se puede hacer siempre es una fracción de lo que se quiere hacer. Miren si no a los pobres estadounidenses que votaron por Obama, encandilados por su promesa del Gran Cambio. Ahora lo escuchan perplejos anunciando el recorte de gastos más grande de la historia americana reciente.

Aclaración de Waldo Mendoza

jueves, 7 de abril de 2011


El día de hoy, en El Comercio, salió publicado con mi nombre un artículo ("¿Por qué fracasaría un modelo chavista en el Perú?") que no es el mío, ni en el título, ni en el contenido, ni en el espíritu.

Veré que acciones tomo con El Comercio pero por lo pronto les pido a todos ustedes ayudarme a difundir que ese panfleto no es mío.

El artículo que envié a El Comercio es el adjunto


CÓMO PRESERVAR EL MILAGRO PERUANO
Waldo Mendoza Bellido

En la última década, la tasa de crecimiento del PBI en el Perú ha sido el doble de la tasa registrada en América Latina. El PBI en dólares de 2010 es dos veces el PBI de 2005 y 3 veces el PBI de 2000. En ese periodo, la tasa de pobreza  se redujo en 15 puntos porcentuales. Es el “milagro peruano” que hay que preservar.

Pero la mayoría de la población no disfruta de este milagro peruano. Una explicación es que el Perú sigue siendo un país con una alta desigualdad. La desigualdad medida por el Gini alcanza 0.6, uno de los más altos en el mundo. Así mismo, en los últimos 10 años, mientras el PBI per cápita ha subido en más de 50 % en términos reales, los sueldos y salarios reales se han mantenido prácticamente constantes, lo que debe haber hecho saltar hacia arriba las utilidades dentro del ingreso nacional.  

¿Cómo reducir la desigualdad?
No hace falta mover una letra de la Constitución, ni refundar el país, ni disolver el  modelo económico en curso. A través de un régimen tributario especial para el sector de minería e hidrocarburos (SMH) y la asignación de estos nuevos recursos privilegiando a las zonas pobres que no están recibiendo los recursos del boom minero, puede reducirse la desigualdad
El carácter no renovable de los recursos del SMH y la propiedad estatal de los mismos, justifican, por si solos, la aplicación de un impuesto por encima de los impuestos que pagan todos los sectores, al margen de si existan o no ganancias extraordinarias en esta industria.

La creación de un impuesto específico para las empresas del SMH, similar al que tienen los chilenos, como un porcentaje de la renta imponible, debe contribuir a financiar, junto con la regalía, la inversión en capital físico o humano necesario para reponer el stock capital natural perdido por la explotación de un recurso no renovable como el mineral o el petróleo. La competitividad no está en juego. Lo que las empresas pierdan por los mayores tributos lo ganarán por el mejor clima social para sus inversiones.

En términos macroeconómicos, con esta política, a la que debe sumarse el ajuste del impuesto predial y al patrimonio, podemos preservar el milagro peruano y, al mismo tiempo, avanzar en la ruta del desarrollo. Esto es, crecer, a tasas altas, con menor pobreza y menor desigualdad

No lea los planes de Gobierno

martes, 5 de abril de 2011



Waldo Mendoza Bellido
Jefe del Departamento de Economía de la PUCP
Si usted es un elector responsable y quiere votar conociendo a fondo los planes de gobierno, le digo que no vale la pena. Primero, porque en esos planes no está cuantificado el costo de las promesas y el financiamiento correspondiente; entonces, el plan es inútil. Segundo, aun cuando hay planes inicialmente coherentes, en el proceso de blanqueamiento de algunos candidatos o de acholamiento de otros, las promesas van cambiando y ya no se sabe finalmente cual es el plan que vale. Y por último, lo más importante, en la historia peruana de las últimas décadas, los presidentes electos nunca han aplicado la política económica que prometieron.
Hace 58 años, el Nobel Tinbergen nos dijo, en mis términos, “si usted tiene n objetivos de política económica, dígame cuáles son los n instrumentos para alcanzarlos. En caso contrario, cállese”.  En su concepción, los deseos (objetivos) tienen que estar atados a las posibilidades (presupuesto). El presupuesto es el punto de partida y el punto de llegada en un Plan. Dado un presupuesto, se pueden alcanzar ciertos objetivos. Si los objetivos son más ambiciosos, el presupuesto (y la presión tributaria que lo sostiene) debe ser más ambicioso también. De otra manera, podríamos tener un plan para el Perú cuyas metas, para ser financiadas, necesitan un presupuesto como el de Brasil.
En los actuales planes de gobierno, la oferta electoral es amplia, pero la discusión sobre cómo financiarla es casi inexistente. Hay varios planes que prometen elevar los gastos y bajar las tasas impositivas apelando a la desacreditada teoría de Laffer según la cual se recauda más bajando la tasa impositiva, cosa que no ha pasado nunca. El Plan inicial de Humala era el que más se aproximaba a las exigencias de Tinbergen pues se precisaban las necesidades de gastos y se sustentaba en una mayor presión tributaria, con peso en la tributación minera.
En el proceso de ganar votos, sin embargo, empujados por sus asesores de imagen, los candidatos empiezan a ofrecer mayores gastos (todos elevarán el salario mínimo, los sueldos para los trabajadores del sector público, las pensiones para los ancianos y ampliarán el programa Juntos) y a cobrar menos impuestos (ya casi todos están de acuerdo con la bajada del IGV, y ofrecen bajarlo más, y de la tributación minera se habla cada vez más en voz baja). El caso más visible de transformación es el de Humala. Con la publicación reciente del “Compromiso con  el Pueblo Peruano”, Tinbergen ha sido asesinado. El tema de la presión tributaria, que era lo que distinguía al plan de Humala de los del resto, ha casi desaparecido. Ahora los planes son casi todos iguales y la prueba es lo que dijeron los candidatos en el debate del domingo.
Debe ser por esta falta de seriedad de los planes, tomaduras de pelo para los electores, que nunca se aplicaron en el Perú. Así ha sido siempre.
Cuando en 1980 retornó la democracia, Fernando Belaunde cautivó a la población con su promesa de crear un millón de empleos. No hubo creación, más bien hubo destrucción de empleos. Jurgen Schuldt escribió en ese entonces que Belaunde sí había creado empleos, pero afuera, por la reducción unilateral de los aranceles.
En 1985 el joven Garcia anunció que su compromiso era con todos los peruanos. Absolutamente todos los peruanos sufrimos con la hiperinflación y la depresión que nos dejó al final de su mandato. Nadie lo hizo peor.
En los noventa, Fujimori ganó las elecciones a nuestro premio Nobel Vargas LLosa prometiendo no hacer el shock que su oponente planteaba. El ajuste económico de agosto de 1990 será recordado como el más duro shock del siglo XX.
Por eso, amable lector, si quiere saber con cierta aproximación que es lo que efectivamente va a hacer el candidato de su preferencia en caso de salir elegido, mejor pregúntele quién va a ser su próximo Ministro de Economía, quiénes van a conformar su gabinete ministerial, quien va a ser el nuevo Presidente del Banco Central de Reserva del Perú, quién va a ser el nuevo Presidente de la Superintendencia de Banca y Seguros, quienes serán los jefes de los organismos reguladores. Mientras no sepamos esa información, en realidad no sabemos nada.
¿Por quién votar entonces el 10 de abril? Buena pregunta. 

La década ganada

jueves, 10 de febrero de 2011


Waldo Mendoza Bellido

La década de los ochenta fue la década perdida para América Latina (AL). El continente convivió con inflaciones altas y caídas dramáticas del PBI. En el Perú, en esa década, el PBI per cápita se redujo en 30 % y en 1990 estábamos igual que en 1960. La primera década de este siglo, en cambio, es la década ganada de AL, y en el caso nuestro, es justo hablar del “milagro peruano”. No todo es color de rosa, sin embargo.

En el periodo 2001-2009, según la CEPAL, el crecimiento acumulado del PBI fue de 30 por ciento. En ese periodo, el Perú creció al doble, en 60 por ciento, y en dólares corrientes el PBI de 2010 es dos veces el PBI de 2005 y 3 veces el PBI de 2000. En ese periodo, además, la pobreza bajo de 49.8 por ciento en 2001 a 34.8 por ciento en 2010. Es el “milagro peruano”.

El milagro peruano convive, sin embargo, con una alta desigualdad. El grado de desigualdad, medido por el coeficiente de Gini (corregido), alcanza 0.6, similar al que tenía la economía peruana a mediados de los setenta del siglo pasado.

¿Qué hacer?

En abstracto, le corresponde al estado buscar una mayor equidad. Para ese objetivo, debe conseguir los recursos entre los que más tienen para gastarlos entre los que menos tienen. En concreto, en la coyuntura actual, la aplicación de un régimen tributario especial para el sector de minería e hidrocarburos (SMH) y la asignación de esos recursos en las zonas pobres que no están beneficiándose con el boom del SMH, puede contribuir a reducir la desigualdad.

La medida nos acercaría al tratamiento tributario que tiene el SMH en el primer mundo. En esos países, el tratamiento tributario para el SMH es especial, discriminatorio. El carácter no renovable de los recursos del SMH y la propiedad estatal de los mismos, justifican, por si solos, la aplicación de un impuesto (o una regalía), por encima de los impuestos que pagan todos los sectores, al margen de si hay o no ganancias extraordinarias en esta industria, para reponer el capital explotado y para pagar al estado por el derecho de explotar su propiedad.

Con esta medida, el SMH puede contribuir al desarrollo económico del país, entendido como la elevación sostenida del PBI per cápita acompañado de una reducción del grado de desigualdad.

Humala, PPK,la minería

jueves, 13 de enero de 2011



Waldo Mendoza Bellido

Una de las pocas propuestas atendibles de Humala es el del tratamiento tributario que debe darse a la minería. Su propuesta ha tenido tanta pegada que hasta PPK se lo ha comprado, matizándolo. Más candidatos prometerán cobrar más a las mineras, aunque algunos, como García en 2006, lo harán solo para la foto.
Hay razones que justifican el tratamiento discriminatorio a la minería.
Primero, porque el mineral es un recurso no renovable. Solow y Stiglitz plantearon en 1974 que la explotación de minerales reduce el stock de capital natural de la economía. En 1977, Hartwick, en la regla que lleva su nombre, propuso que el Estado tome parte o la totalidad de la renta o ganancia extraordinaria, y lo invierta, para mantener el capital total intacto.
Segundo, porque el mineral es del Estado, tal como lo establece el Art. 66 de Nuestra Constitución. Solo por ser dueño, el Estado debe recibir un pago por el derecho a explotar el recurso, adicional al pago de impuesto común a otros sectores
Tercero, porque dada la dificultad del ingreso de nuevas firmas a este tipo de industrias, porque el recurso natural es un factor fijo, existe renta, incluso en el largo plazo.
El carácter no renovable de los recursos y la propiedad estatal de los mismos, justifican, por si solos, la aplicación de un impuesto, por encima de lo que pagan los otros sectores, al margen de si existe o no renta. Es decir, aun cuando no haya renta, el estado debe recibir un pago por ser propietario y porque necesita renovar el stock de capital destruido por la explotación de recursos no renovables.
En esa dirección, debe considerarse la creación de un impuesto específico para la minería, similar al de Chile, como un porcentaje de la renta imponible. La tasa a aplicar debiera permitir alcanzar un monto de ingresos para el Estado, incluyendo las regalías, que permita financiar la inversión en capital físico y humano necesario para reponer el stock capital natural perdido por la explotación minera. Para reparar el defecto del canon y el óbolo minero, estos recursos debieran gastarse en las zonas pobres del país que no gocen de la bonanza minera.
Con una contribución mayor de la minería al fisco y el buen uso de esos recursos, el actual modelo de desarrollo, que triplicó el PBI en los últimos 10 años, puede quedarse a vivir en el Perú.

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